Nota publicada online

miércoles 4 de julio, 2012
Fernando Botero
Alegoría del Via crucis en sus 80 años
por Alicia Estela Beltramini Zubiri*
Fernando Botero

La serie del artista colombiano es exhibida en el Museo de Antioquia de Medellín.

Como un aporte personal, quisiera compartir la experiencia vivida en la exposición Via Crucis de Fernando Botero, cuando visité Medellín, donde la sensibilidad y sutileza que lo caracterizan, magnifican su riqueza artística,     en  las vivientes escenas que trasmutan su valiosa obra.
    Fernando Botero nació en Medellín, Colombia, el 19 de abril de 1932. Por tal motivo, para conmemorar los 80 años de su nacimiento, el Museo de Antioquía, ubicado en su ciudad natal, decidió hacerle un homenaje exponiendo las obras que realizó entre 2010 y 2011. La muestra se denominó Via Crucis.
Botero estudió en Bogotá, en su juventud viajó a España y Francia, pero se radicó en Florencia (Italia) entre 1953-55. Allí fue influenciado por artistas del quattrocento italiano, de los cuales aprendió y aplicó sus técnicas, como la pintura al fresco de Paolo Uccello y  Piero della Francesca y las figuras volumétricas de Andrea Mantegna y de Giotto. Estas presencias se revelan en sus dibujos y pinturas, donde emerge la corpulencia como canon de sus imágenes,  que resaltan sobre la superficie de sus cuadros.
Entre 1956 y 1957 vivió en México, en donde descubrió el valor de lo cotidiano y lo plasmó en sus obras, donde las naturalezas muertas, cocinas, perros, gatos, familias, burdeles, adquieren un protagonismo relevante. Su consagración en Colombia llegó  con su cuadro Homenaje a Mantegna (1958),  donde la luminosidad del color, encerrado en los bloques geométricos de la composición, da relevancia a la figura.
El sentimiento renacentista italiano queda de manifiesto en la muestra  Via Crucis que se expone desde el 3 de abril hasta agosto en el museo de Medellín, donde se exhiben 27 pinturas y 33 dibujos que relatan la crucifixión de Cristo de una manera muy sutil y particular. En imágenes como La Piedad, La Crucifixión, El Descendimiento, El Beso de Judas, Cristo en la Multitud; el personaje principal prevalece del resto, adquiriendo un lugar destacado   en la composición. En Cristo en la Multitud, el perfil de Cristo sobresale ente los rostros atormentados, sorprendidos, de la multitud, pintados de diferentes colores rosados, grises o el color de la piel, con o sin sombrero, calvos o con cabello. En otra composición, Cristo Ha Muerto, María llora la muerte de su hijo. Jesús esta acostado en un ataúd, rodeado de velas, donde aparece, solo, sobre un fondo oscuro; el color está aplicado de forma uniforme. Se exhiben dos piedad, ambas con reminiscencias de las de Miguel Ángel, una semejante a la del Vaticano y la otra, a la Piedad de Palestrina. En esta última se reconoce la figura de Cristo muerto sostenido de los hombros por María: aquí también las figuras ocupan todo el plano del cuadro, dejando un espacio pequeño para el fondo
En el Beso de Judas, Jesús descuella en el primer plano, mientras una multitud lo rodea y se identifican soldados romanos junto a personajes actuales y figuras de pequeñas dimensiones que recuerdan las formas amplias y redondeadas de Giotto.
    
La temática que Botero desarrolló en sus obras nace a partir de cierta ironía, donde los personajes guardan una postura estática, con una representación detenida y silenciosa, cuyo sobredimensionamiento envuelve al interlocutor y lo impacta, tal como el mismo artista afirma: “...En mi pintura presento el hecho, sin comentario alguno. Si algo me repele yo pinto la situación. Que la repulsión la sientan los otros. No me importa para nada ni dejar mensaje, ni emocionar”.
Para ejemplificar la frecuencia de esta temática, en la sala Pedrito Botero encontramos la Muerte de Pablo Escobar, personaje controvertido de Medellín por su vinculación con el narcotráfico. Fiel a su forma de exagerar los volúmenes y darle protagonismo a la imagen principal, da preponderancia a la figura de Escobar recostado en el techo de la casa, mientras un policía y una mujer lo señalan, ambos de reducido tamaño  para diferenciarlos del protagonista principal.
Los detalles que acompañan a las figuras boterianas, presentan imágenes reales, en un fondo plano y de poca profundidad, donde los protagonistas son realzados de manera impactante.
Marta Traba  lo ha definido como: “un espacio invadido por la forma, una figura bloqueada en su propia inmensidad, una marcación implacable y al mismo tiempo tierna y festiva, del ridículo del mundo”.  

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*La autora es profesora y Licenciada en Historia. Miembro de Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte y del College Art Association of Latin American Art. Especial para Arte al Día.