Nota publicada online
El Museo Nacional de Bellas Artes presenta la primera exposición individual en el país del artista Eugenio Dittborn, gran referente de la escena del arte contemporáneo chileno,con la curaduría de Justo Pastor Mellado y la colaboración del Centro Cultural Matta de la Embajada de Chile en Argentina.
Hay en el rostro humano una complejidad infinita de rodeos y evasivas
Georges Bataille
Eugenio Dittborn, (Santiago de Chile, 1943) tuvo un papel fundamental en el proceso de renovación de las prácticas artísticas en su país en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet. Su formación incluyó un paso por la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile durante su juventud y luego estudios de serigrafía en Madrid y litografía en Berlín. Después de ese período de formación, el artista regresó a Chile en el año 1971, etapa en la que se dedicó a actividades gráficas relacionadas a la prensa obrera; labor interrumpida por el golpe de Estado ocurrido en septiembre de 1973. Sus trabajos continuaron con una sostenida producción editorial y experimentalidad gráfica. Se destacan particularmente sus pinturas aeropostales iniciadas en la década del 80, que caracterizan su obra madura, su presencia en distintas bienales y en las colecciones de importantes instituciones como el Museo Reina Sofía de Madrid, el Museo de Arte Moderno de Nueva York y la Tate Modern de Londres. En el año 2005, recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas, una de las principales distinciones del ámbito artístico chileno.
El texto curatorial que presenta esta exposición, firmado por el destacado crítico trasandino Justo Pastor Mellado, oscila entre el laconismo y cierto misterio. Indica al espectador que en la muestra sólo encontrará dos piezas, efectúa una breve descripción de ellas y finaliza trazando una mención a la fábula de la hija del alfarero de Corinto; mito relatado por el escritor romano Plinio el Viejo en su obra Historia Natural para explicar el origen de la pintura y el dibujo.
El mito narra que Kora, hija del alfarero corintio Butades se enamoró de un joven campesino que debía partir a la guerra. En la noche de su despedida, Kora descubrió que la luz proyectada por una vela moldeaba sobre una pared la silueta de su enamorado. Al notar este efecto, procedió entonces a fijar en ella, mediante grafismos, los contornos de su perfil hasta convertirlos en un retrato. Su padre aplicó luego arcilla sobre el dibujo dotándolo de relieve y transformándolo en una percepción tangible.
En el imperio romano, el retrato, la máscara funeraria y el busto tenían la intención de perennizar la existencia de un fallecido y conservarlo en la memoria de los sobrevivientes. En la acción de Kora, se detecta una mezcla de temor ante la muerte y un intento de conjura ante ese peligro. El resultado tiene algo de fantasmático. Ante la extensa sucesión de rostros que se despliegan en la sala surge entonces la inquietud acerca de qué se desea preservar de ellos.
La pintura aeropostal XXII Historia del rostro (1998), se compone de veinte retratos impresos que conforman una extenso muestrario de la representación del rostro. De acuerdo a lo que enumera Pastor Mellado: “En ella se encuentran dibujos infantiles, caricaturas, imágenes de personas con problemas de salud mental, retratos hablados, fichas señaléticas de delincuentes y fotografías de pobladores originarios provenientes de un álbum etnográfico. Trozos de entretela recogen una imagen cosida como un parche sobre una herida”. Representación y formato: la alternancia de imágenes en XXII Historia del rostro parece buscar un conflicto. A cada rostro perteneciente a un sector social marginado le sigue una caricatura o un esquemático dibujo infantil. La secuencia se desarrolla en los contornos del conjunto siguiendo una sucesión de impactos gráficos, emocionales e intelectuales dejando un inescrutable espacio en blanco en el centro.
Las pinturas aeropostales son un formato creado porDittbornque implica condiciones de circulación y exhibición específicas. Están realizados sobre soportes ligeros como lona, entretela sintética o papel craft. Cada obra es plegada e introducida en un sobre que se envía por correo postal a destinatarios en diferentes lugares del mundo y a su llegada son mostradas en forma temporal. Requieren que cada una de ellas sea exhibida junto con su envoltura en la que se detallan sus características e itinerarios. En cada uno de sus destinos, las obras van sumando las huellas de su circulación a la vez que se le añaden las inscripciones paratextuales correspondientes al sistema internacional de correos. En la exposición se puede apreciar un envoltorio, similar a lo que en el presente conocemos como paquete de encomiendas, con la sumatoria de destinos alcanzados entre 1998 y 2011 por esta obra.
La segunda pieza, Todas las caras del rostro (2022), se distribuye en dos paredes enfrentadas de la sala. Congrega en total diez dibujos a carboncillo, fijados con spray sobre grandes telas de nylon. Apenas reconocibles como rostros, ya que la fisonomía humana se encuentra bastante distorsionada en ellas, estas figuras dispuestas en un orden vertical, se caracterizan por los enérgicos trazos que las han alumbrado. Se encuentran más concentrados en algunas, más restringidos en otras. Las apariencias resultantes parecieran bordear lo caótico y hasta lo truculento: dentaduras cadavéricas, ojos sustituidos por signos y pieles desgarradas se adivinan entre sombras y facetados. Las formas cerradas dominan por momentos pero no acaban de contener. Una fuerza superior simula siempre pulsar por el desborde hasta hacerlas desfigurar casi por completo. La intención de Kora en manos de Dittborn aquí resulta una tarea ardua, compleja y literalmente enmarañada.
Entre los documentos que se despliegan en la exposición, cabe destacar los que se refieren a la publicación N.N.: aUTOPsIA (Rudimentos teóricos para una visualidad marginal), que estuvo destinada en su origen a presentar una muestra del artista chileno en el C.A.y.C (Centro de Arte y Comunicación) de Buenos Aires invitado por Jorge Glusberg a mediados de 1979 y que fuera suspendida debido a la situación política opresiva que atravesaban, tanto Argentina como Chile, en aquel momento. No obstante, la publicación se conservó y fue puesta en circulación una vez restablecidas las condiciones para ello pudiendo apreciarse en exposiciones llevadas a cabo en Santiago y en Buenos Aires. En ella, el poeta y ensayista chileno Ronald Kay, además coautor, expuso las bases de la radicalidad de la producción de Dittborn y las fuentes que han nutrido su práctica.
La humanidad en el otro se percibe a través del rostro. Las emociones que surgen de él, los rasgos que lo definen, evocan que el andamiaje social es la matríz sobre la cual cada persona cimenta la particularidad de sus gestos y atributos. Los seres humanos no han contemplado su rostro desde siempre. Existe toda una genealogía del sentimiento acerca del rostro a lo largo de la historia, al menos en lo que se considera Occidente. Este sentimiento es el objeto de una construcción cultural determinada por el estatus social otorgado a la persona. En consecuencia, cada rostro es una encrucijada entre lo íntimo y lo público. observa el sociólogo francés David Le Breton. Tal movimiento no ha cesado y continúa siendo motivo de indagaciones. El arte, en este sentido ha sido un insistente protagonista,Eugenio Dittborn, es prueba de ello.
Eugenio Dittborn. Historias del rostro
Hasta el 31 de mayo
Museo Nacional de Bellas Artes
Av. del Libertador 1473
Ciudad Autónoma de Buenos Aires