Nota publicada online

miércoles 14 de noviembre, 2012
Entrevista a Leandro Tartaglia
Los artistas argentinos en la 30ª Bienal de San Pablo
por Melina Ruiz Natali
Entrevista a Leandro Tartaglia

Leandro Tartaglia, Eduardo Stupía, Martín Legón y Pablo Accinelli, son los cuatro artistas argentinos que se presentan en la 30ª Bienal de San Pablo que se lleva a cabo hasta el 9 de diciembre en el Parque Ibirapuera. Esta edición 2012, curada por el venezolano Luis Pérez Oramas, se titula "La inminencia de las poéticas", y juega con la idea de constelación de obras y propuestas artísticas. Arte Online conversó con los cuatro artistas argentinos. En esta ocasión presentamos la entrevista a Leandro Tartaglia que presenta la obra Todo en tu mente- Viaje en dos actos, que consiste en un recorrido en combi en donde el espectador escucha, con auriculares, una historia de dos personajes: Zé y Paula.

 ¿Cuándo te convocaron para la bienal?

En septiembre, Isabella Villanueva y Tobi Maier vinieron a Buenos Aires a ver mi trabajo.  La obra que vieron fue “La esquina indicada” (laesquinaindicada.blogspot.com), un proyecto que realicé en 2010 en colaboración con Mariano Ast (sonidista). Se trataba se un recorrido en auto por Chacarita en donde el espectador, a través de auriculares, escuchaba un flaso programa de radio –previamente grabado- con música, entrevistas, historias del lugar y demás.

 ¿De ahí partiste para desarrollar “Todo en tu mente”?

El curador con quien produje el proyecto de la bienal fue Tobi Maier. En una de nuestras primeras conversaciones supe que se presentaría el trabajo de la artista norteamericana Maryanne Amacher en la capilla de Morumbí también como parte de la bienal. A partir de investigar sobre ella y su obra sonora propuse un recorrido donde el público experimentara dos tipos de obra sonoras: una con auriculares, más literaria y en movimiento escrita por mi, y otra, en un capilla, de una artista histórica de la producción sonora, Amacher, dos paradigmas sonoros distintos. “Todo en tu mente” se desarrolla en dos actos que funcionan como el trayecto ida y vuelta a la Bienal con la Capilla de Morumbí en el intervalo en donde ingresa otro paradigma de obra sonora.

Un paradigma diferente a partir de la obra de otro artista.

Sí, de hecho cuando presenté el proyecto me dijeron que estaba en sintonía con lo que la bienal propone en cuanto a la idea de rescatar el pasado y armar una constelación como red de obras. Me pareció importante también establecer ese diálogo con la intención de la bienal.

Hay una tendencia, en esta bienal en particular y en el arte en general, de volver sobre referentes.

Tiene que ver con este revisionismo que no es sólo apropiarse del pasado en una cita, sino  incluirlo en la producción y realización de un trabajo.

Y una vez decidida la inclusión de la obra de Amacher, creaste la historia de Zé y Paula que se escucha en los auriculares, y armaste el recorrido que hace la combi de ida y vuelta al edificio de la bienal.

Hay una idea de vínculo exterior-interior que se da desde que incluyo la obra de Amacher.  En ese primer momento establecí una relación sonora. Luego, surgió la idea de espacio interior de la Bienal con el exterior de la ciudad, que me llevó a pensar una relación entre dos personas. Existe un permanente juego de relaciones, y todas con diferentes características: relación del espectador con la ciudad, con el tránsito, con los idiomas…

¿Cómo fue el trabajo con la ciudad de San Pablo? Tus obras anteriores, en general, son en Buenos Aires, un lugar conocido.

Viajé a San Pablo 2 meses antes. Con una pre-producción de unos cuantos meses. Allá investigué la ciudad, el recorrido entre los lugares a unir (bienal-capilla) y con esa información definí la estructura del guión que fue un intercambio entre dos personajes (Paula y Zé) por medio de cartas. Todo el trabajo se gestó y funciona como un ida y vuelta constante con la ciudad. Si bien antes de viajar a San Pablo tenía ideado un trayecto vía Google, obviamente fue fundamental comprobar la ciudad misma con su tiempo, transporte, densidad y observar cómo las personas se apropian de ese lugar.

¿Qué impresión tuviste de San Pablo?

Me encontré con un tránsito caótico y ruidoso. En ese sentido me fue difícil sincronizar el audio con el espacio, y decidí trabajar la ciudad de una manera más amplia y fluida. Es decir que en los auriculares, el espectador escucha situaciones que pueden estar en cualquier parte porque el contenido del texto no hace referencias concretas.

El audio sincronizado con el espacio de manera concreta sí lo usaste en otras obras, por ejemplo en la de La Plata.

Claro. Eso fue mucho más específico. Uno iba en una camioneta recorriendo lugares de esa ciudad y el espectador escuchaba datos sobre aquello que estaba viendo en ese momento. En esa caso por ejemplo, yo manejaba el audio durante la función, en cambio en esta Bienal, hay un gran track que se reproduce de corrido con sincronizaciones mínimas

En esa gran pista el espectador escucha la historia de Zé y Paula.

Sí. Son un brasileño y una argentina que dialogan por medio de cartas que leen. Zé está en San Pablo y le cuenta a Paula que está yendo a ver una obra de sonido con un grupo de personas, y ahí comienza a narrar su percepción de la ciudad. Además del intercambio de cartas, también hay sonidos ambientes y canciones.

Armás audios muy musicalizados.

Tanto la poesía como la música son recreativos y recurro mucho a las dos como canales de comunicación que rompen con la dinámica de la palabra en el párrafo. Es una variación para combinar con el texto plano.

La interdisciplinariedad está presente en tus obras. El cruce con la música, el teatro, lo histórico, periodístico…

Sí. A este tipo de obras las denominamos teatro de sonido móvil. Sobre todo, tienen esa situación de una presencia viva que está en ese mismo momento. La ciudad, el público, el tránsito, todos los elementos están actuando en ese instante.

Las grabaciones funcionan casi como audios independientes que se pueden escuchar sin necesidad del recorrido.

Si bien el audio tiene una necesidad muy fuerte de ese espacio para el que fue pensado, es verdad que con los años, las grabaciones se volvieron más autonomas. Entre 2004 y 2006, hice la obra “Felicia” que consistía en un recorrido en bicicleta por Puerto Madero en donde uno escuchaba en auriculares un monólogo muy caótico de un personaje. Desde ese primer teatro sonoro móvil, a este de la bienal, hay un proceso de acercamiento a la ciudad de una manera más realista y directa. Incluso, en ese alejamiento del texto tan cerrado, ahora aprece algo asociado a lo teatral en donde los personajes son más fáciles de asimilar y por eso también el audio se vuelve más autónomo y se puede percibir como un musical sonoro. De todas formas, con Mariano Ast, cada vez trabajamos más el sonido y su calidad mediante un trabajo súper minucioso que tiene que ver también con el interés de mi obra con el público.

Todos los artistas piensan en un público, ¿O no?

Sí, pero la manera en que pienso al espectador tiene más que ver con el cine y el teatro: una persona que va a estar sentada por un tiempo determinado y a quien yo debo llevar a distintos lugares en términos literales y perceptivos. Permanentemente pienso en las intensidades de la narrativa temporal con una clara identificación de escenas que tienen un principio y un final. Eso en cambio, no sucede en una muestra en donde uno como artista no puede controlar ni saber la cantidad de tiempo que el espectador va a permanecer ahí.

Por un lado está tu edición y además usás el concepto de “edición del espectador”.

Todas mis obras tienen, por un lado, un texto cerrado que es el audio. Pero, a la vez, eso se combina con lo que construye el que escucha y mira. Las sincornizaciones que se dan entre lo que surge en el audio y la mirada del público son la edición personal que ocurre por asociación. Todos los que van en la combi comparten un mismo audio pero cada uno está escuchando de manera individual y generando su percepción. Por eso “Todo en tu mente”.

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