Nota publicada online

viernes 8 de mayo, 2026
El Museo de Arte Moderno presenta Océano Interior
La alucinante y azul lejanía
por Alejandro Zuy
El Museo de Arte Moderno presenta Océano Interior

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires celebra su 70 Aniversario con el inicio de su Programa anual 2026 Habitando el futuro. Dentro de ese marco presenta la exposición colectiva Océano Interior en la que participan artistas argentinos y extranjeros que practican poéticas relacionadas con las profundidades marinas, la riqueza de sus ecosistemas y el misterio de sus metáforas. La curaduría está a cargo de Alfredo Aracil en diálogo con Victoria Noorthoorn y Patricio Orellana. El diseño museográfico pertenece a Iván Rösler y Gonzalo Silva.

El programa Habitando el futuro, correspondiente al año en curso del Museo de Arte Moderno, con el cual celebra su 70 aniversario, albergará una serie de exposiciones que desplegarán perspectivas e investigaciones sobre los modos en que el ser humano habita la Tierra, con particular interés en las relaciones entre arte, diseño, naturaleza, arquitectura y urbanismos. El programa, según sus autoridades indican, se valdrá de metáforas que situarán las investigaciones artísticas en torno a diversos espacios geográficos. El abordaje de cada uno de ellos traducirá los modos en que el ser humano se vincula con los ambientes en los que se encuentra inserto con el propósito de realizar preguntas decisivas de la humanidad ante el futuro. En este sentido, las dos primeras exhibiciones Naturaleza arquitecta y Océano Interior, afrontan investigaciones artísticas en torno a diversos territorios y ecosistemas, desde los ríos, los bosques y la actividad volcánica hasta la inmensidad de los océanos.

A mediados del año pasado ocurrió un acontecimiento inesperado tanto para propios como ajenos. Los titulares de los periódicos y de otros medios mencionaban que una expedición científica del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) al cañón submarino de Mar del Plata causaba “furor” en las redes sociales. Más allá del trillado lugar común con que se adjetivó el efecto registrado, lo cierto es que miles de usuarios en You Tube en el país y en el mundo siguieron en vivo la misión para observar, entre otras especies, a estrellas de mar, corales, diversos crustáceos y peces con características poco usuales. La campaña, que duró 19 días, tuvo entre sus objetivos, detectar el impacto humano en esos ecosistemas vulnerables, revelando una gran cantidad de residuos, especialmente microplásticos, que alteran la vida de todos esos seres. Imágenes producidas a más de 3.900 metros de profundidad consiguieron infiltrarse tras las filas del régimen de obviedad mediática cotidiana poniendo en evidencia un área de interés que yacía latente.

Esa zona gris que permanecía como una potencia no del todo revelada, es la que Océano Interior trata de abrir gracias a otras formas de exploración y conocimiento. En lugar de reduccionismos, de rígidas circunscripciones disciplinares, en esta exhibición se experimenta un abanico de propuestas que se entrecruzan entre sí, fusionando las inquietudes subjetivas con los intereses y preocupaciones colectivas. Su ubicación específica, en el segundo subsuelo del museo y la oscuridad reinante en la sala, predisponen al público a una vivencia que se aparta de lo convencional, de tal forma que aquello que se observa encuentra un correlato introspectivo. Tal situación no es azarosa, Alfredo Aracil, su curador, es oriundo de una región de España donde el Mar Cantábrico se funde con el Océano Atlántico. Su vínculo con ella se encuentra intrínsecamente relacionado, no sólo con el paisaje, sino con lo afectivo, con el cúmulo de historias que han pervivido a lo largo de generaciones allí. Quienes están vinculados al mar, saben que al contemplarlo, se observan a sí mismos también.

La transposición de la inmersión corporal en la sala se corresponde con la obra del artista francosuizo Julian Charrière Midnight Zone (2024). En este video, se puede apreciar el descenso de una lámpara de faro submarina. A medida que se desplaza hacia abajo, aparecen bancos de peces que giran alrededor de ella produciendo reflejos y proyecciones de sombras intermitentes. El atractivo de la lámpara sobre las criaturas marinas se incrementa hasta alcanzar un punto culminante, luego del cual el enjambre viviente se dispersa. Hacia el final, la lámpara consigue llegar hasta un umbral acuático, un dominio impermeable a la luz, inalcanzable para los fotones del sol, denominado “zona de medianoche”, Charrière realizó este trabajo en una zona conocida como Fractura Clarion-Clipperton, un área geológica submarina de unos 7.200 km de longitud en el Pacífico norte, entre Hawái y México. Es una vasta llanura abisal, conocida por su inmensa riqueza en metales como manganeso, níquel, cobalto y cobre, lo que la convierte en un punto clave para la investigación ambiental y la minería submarina y por lo tanto amenazada por el extractivismo. Todas las capas marinas están interconectadas por cadenas alimentarias, flujos de energía y corrientes; cualquier perturbación puede alterar su equilibrio.

En el centro de la sala, otra obra brinda testimonio acerca de dramáticos desbalances ambientales. Testigos (Permafrost), (2022), de Erica Bohm, es una serie de retratos de fragmentos de hielos permanentes en el archipiélago de Svalbard, en el norte de Noruega. En consideración de los científicos estos hielos resultan ser archivos que permiten estudiar el impacto de lejanos eventos históricos sobre la vida del planeta. Un ejemplo de ello es la investigación llevada a cabo por Simon L. Lewis y Mark A. Maslin de la Universidad de Leeds sobre los hielos antárticos, en la cual postulan que el año 1610 se distingue en los núcleos de hielo por un descenso en el dióxido de carbono debido al impacto de la colonización europea sobre el continente americano. El exterminio de millones de habitantes en ese entonces hizo que zonas de cultivo fueran abandonadas y volvieran a convertirse en bosque y los árboles absorbieran más carbono que los cultivos. Estos estudios dan cuenta de cómo el antropoceno no es sólo un fenómeno científico natural, sino un desafío metodológico, conceptual y ético-político para los investigadores de diversas disciplinas.

En medio de las piezas de Bohm se halla una obra histórica del santafesino Juan Pablo Renzi: Cubo de hielo y charco de agua (1966/2026). Reconstruida para esta ocasión y perteneciente a la serie Representaciones sólidas del agua y otros fluidos, es un trabajo correspondiente a su etapa minimalista. En él propone preguntas acerca de lo real y lo representado, la verdad y lo aparente, que se manifiestan al encontrarse frente a la realidad ilusoria de un trozo de hielo sugerido por un cubo de metal y la idea de un charco solidificado en aluminio.

Próximo a este conjunto, y en especial con lo que se desprende de la obra de Renzi, se desarrolla A Journey That Wasn’t (2005) del francés Pierre Huyghe. Se trata de un cortometraje que intercala imágenes de una expedición a la Antártida con otras filmadas durante un concierto celebrado en una pista de hielo en el Central Park de Nueva York. Excepto por una voz en off de breve duración y que aporta información muy sucinta acerca de la expedición, el resto de las imágenes no están narradas. En ellas se puede ver, por una parte, el desolado paisaje antártico a través de planos que resaltan la inmensidad del océano, la monocromía del territorio y las duras condiciones climáticas a las que se enfrentó la tripulación mientras navegaba hacia su destino. El viaje se originó luego que el artista se anoticiara acerca de los efectos que el calentamiento global habían provocado en la plataforma continental antártica. Además, se interesó por el rumor de la existencia de un pingüino albino que habitaba la región y uno de los objetivos de la expedición fue encontrarlo. La tripulación, por consiguiente, se instaló en una isla que consideraron como un posible lugar para encontrar a la criatura y allí instalaron su equipo. El pingüino blanco finalmente apareció tras varios días de espera. Las vistas del concierto, en cambio, recuerdan a los escenarios de la película Blade Runner gracias a los efectos de iluminación y humo. La música fue compuesta por Joshua Cody e inspirada en el mapa topográfico de la isla realizado por Huyghe. Hacia el final de la película aparece un pingüino animatrónico blanco en el escenario y concluye con un holograma de una isla proyectado sobre la pista de hielo que gira a su alrededor. El título de esta obra sugiere que la expedición podría no haber tenido lugar. Hecho que da cuenta del interés de Huyghe acerca de la distinción entre realidad y ficción.

Frente a la película, dentro de una vitrina, se exhiben otros objetos que refieren al continente blanco y que cruzan diferentes tiempos históricos como por ejemplo las ilustraciones llevadas a cabo por el naturalista italiano Giovanni Roncagli para la Expedición Austral Argentina (1881-1882), encabezada por Luis Piedrabuena y Giacomo Bove y el proyecto de una ciudad en la península antártica encargada por el Ejército Argentino al arquitecto Amancio Williams en 1980. Completa este sector 10 ideas de arte pobre (1971), de Carlos Ginzburg, un portfolio del arte conceptual argentino que propone acciones ecológicas irónicas y utópicas.

Una segunda vitrina expone trabajos del Movimiento Habitar las Algas y del Instituto de Conservación de Ballenas. El primero, reúne a investigadores de diferentes organizaciones de la ciencia argentina que en la Patagonia realizaron expediciones a bosques submarinos de algas para registrar interacciones entre especies mediante dibujos, herbarios, fotografías y grabaciones de paisajes sonoros. El segundo, se inspira en el trabajo de biólogo Roger Payne en la Península Valdés y desarrolla un importante programa de investigación y educación ambiental desde 1995. Estudia, además, a las ballenas como parte de redes ecológicas complejas. Pueden apreciarse aquí catálogos, registros fotográficos, discos de vinilo con sonidos de ballenas, herbarios de algas y un conjunto de organismos submarinos como esponjas, caracoles y erizos.

A modo de rúbrica que refuerza la heterogeneidad y, simultáneamente, la complementariedad de propuestas, se puede acceder a la escucha de Journey of the deep sea dweller I (2011), disco de la banda estadounidense de música electrónica Drexciya, que fuera integrada por James Stinson y Gerald Donald. El nombre de la banda remite a una nación submarina poblada por los descendientes de las mujeres africanas que, en camino a Estados Unidos, fueron arrojadas al mar desde la borda de los navíos encargados del tráfico de esclavos. Drexciya combinaba una identidad enigmática, underground y reacia a los medios masivos con un discurso mitológico y próximo a la ciencia ficción que aumentaba el dramatismo de su música.

La artista neuquina Jimena Croceri presenta dos obras: una sin título perteneciente a la serie Dibujos con marea (2023.2026), confeccionada en tinta, acuarela y pintura acrílica sobre tela y un registro fotográfico de la misma. Aquello que se puede apreciar en la tela que se exhibe, son los rastros que han dejado las mareas sobre ella demarcadas a posteriori por una acción pictórica de la artista. La actividad del agua marina, de sus componentes, resultan así coautores de la obra. Según Aracil, esta obra además puede asociarse a la práctica de la hidromancia, una antigua forma de adivinación que utiliza el agua para interpretar visiones o predecir el futuro.

Gustave Doré produjo grabados de La Divina Comedia (1861) de Dante Alighieri. La imagen disponible de uno de ellos en la sala ilustra una escena del noveno círculo. En ella, representó al Infierno como un gran lago helado en el que estaban sumergidas las almas de aquellos que en vida habían sido traidores. Aquí se ve a Dante tomando del cabello a uno de ellos en el Antenora, la segunda división de dicho círculo. Esta conmovedora y antigua escena antecede a una de las obras expuestas más recientes: Falling Angel 2 (Merzlandschaft) (2026), del artista estadounidense Max Hooper Schneider; una monumental instalación compuesta de reliquias técnicas como restos de fuselaje de avión, tubos fluorescentes, bobinas de Tesla, antiguos letreros comerciales de neón, cadenas, hormigón triturado y un estanque de fibra de vidrio, entre otros elementos distinguibles. El conjunto alcanza a generar un clima desestabilizante. Para el autor, lo escenificado se trata de un “trans-habitat”, un paisaje en estado de mutación, del que pueden surgir otras narrativas que entrelacen lo mítico, lo espeluznante y posibles alianzas entre lo cultural, lo tecnológico y lo que aún se considera como naturaleza. Entre la proliferación, el desborde y circunstancialmente la alarma, este “ángel caído” señala el voluble estado de situación de nuestra contemporaneidad.

Corrientes de contactos (2026). en un subyugante video realizado por la artista Aurora Castillo y destacados colaboradores, en el que consigue alcanzar una interesante confluencia entre el arte y las ciencias. Grabado en el interior de un ecosistema de macroalgas del litoral chileno, despliega una sucesión de visiones que alternan planos reposados, contemplativos y otros de mayor ritmo, donde los movimientos de los organismos marinos despiertan por momentos una llamativa sensualidad y una sensación de descentramiento ante tales extrañezas. Este video, sin dudas, se conecta en varios aspectos con el fenómeno provocado por la exploración encabezada por el CONICET en el cañón submarino de Mar del Plata, ya que ambos animan el interés y la curiosidad como motores fundamentales de la búsqueda activa del conocimiento y del aprendizaje. Es decir, estimulan el genuino deseo de explorar y comprender lo que se presenta como desconocido. A ello, Corrientes de contactos, por supuesto, le agrega una intencionalidad estética indispensable.

Las prácticas artísticas, aliadas a las científicas, pueden ocupar un lugar en disputa bajo la hipótesis que los problemas urgentes que afectan la vida en el planeta en general (emergencia ambiental, crisis climática), no necesariamente deben ser abordados desde marcos teóricos rígidos, compartimentados. Todo aquello emergente de esta interacción podría contribuir a la imaginación de otros paradigmas epistemológicos con sus consecuentes especulaciones acerca de futuros alternativos al fatalismo que predomina en lo que podría denominarse el realismo apocalíptico. Eco de lo primigenio, proyección de lo inconsciente, alegoría de lo inconmensurable, desde hace siglos las masas acuáticas que conforman los océanos no dejan de interrogar a la humanidad, cada llamado de ellas cobra materializaciones diversas, siempre acordes a cada tiempo.

Océano Interior

Hasta abril de 2027

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires

Av. San Juan 350 – C.A.B.A