Nota publicada online
El Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA) inauguró la programación de este año con una exposición curada por Leandro Martínez Depietri que propone una revisión y una actualización de las estrategias y motivos del movimiento surrealista a través de 90 obras de artistas mujeres y disidencias sexuales argentinas modernas y contemporáneas.
SURREALISMO: sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.
Esta definición de uno de los movimientos más influyentes del arte del siglo XX vio la luz hace ya 102 años cuando André Bretón (1896-1966), publicó su primer manifiesto en París. Ahora, en Buenos Aires, ya avanzado el siglo XXI, una exposición como Continente oscuro se ha propuesto pesquisar sus derivas en Argentina con una visión crítica que pretende desmarcarse de su inicial impronta patriarcal y europea para revalorizar lo que considera una genealogía alternativa.
El psicoanálisis ha sido una de las mayores fuentes constitutivas del surrealismo. Dos años después del texto fundacional de Bretón, Sigmund Freud en La cuestión del análisis profano, expresó: "la vida sexual de las mujeres adultas es un 'continente oscuro' para la psicología" en analogía con la visión colonial de África como algo desconocido. Esta metáfora fue muy criticada, especialmente por pensadoras feministas y psicoanalistas posteriores quienes señalaron el sesgo androcéntrico en la mirada de Freud. Para ellas, esta "oscuridad" no era inherente a la mujer, sino una consecuencia del desconocimiento y la visión masculina dominante. Siguiendo de alguna manera esta huella, la expresión utilizada por el fundador de psicoanálisis, es retomada aquí para, según la visión curatorial, invertir su valoración y tomar al continente oscuro como un sitio de radicalidad crítica y pensar desde ese lugar. En este sentido, el criterio curatorial, además, se apoya en la discusión acerca del rol de las mujeres en el surrealismo; tema que desde la década del 80 cobró preponderancia. A partir de entonces fue cuando se comenzó a incorporar en las exposiciones retrospectivas y a divulgar a través de otros medios a algunas de las figuras que habían permanecían opacadas.
Continente oscuro no propone un relato histórico del surrealismo en el país. Por lo tanto el recorrido no es cronológico ni unidireccional. Se privilegian las interlocuciones posibles entre artistas modernas y contemporáneas en los cuales los temas tratados y las estrategias a las cuales han recurrido se concentren en los núcleos expositivos. Continente oscuro trata de recuperar y hacer presentes aquellos rescoldos aún potentes de este centenario movimiento cuya validez sirve para persistir en el cuestionamiento de los estrictos límites de la racionalidad, ahora delegada en la tiranía algorítmica. Se distancia, a su vez, de los clisés instalados a lo largo del tiempo y de las asimilaciones que utilizaron parte de su repertorio para transformarlo en fetiche de consumo de masas.
El primer núcleo se denomina Formas sumergidas y se centra en la reflexión acerca del inconsciente y de los estados límite de la conciencia. Aca tiene un lugar privilegiado la pintura de Dignora Pastorello, Gradiva errante (1969). Esta figura proviene de la novela Gradiva: una fantasía pompeyana de Wilhelm Jensen que Freud consideró como una metáfora del psicoanálisis. Gradiva fue un personaje recurrente en muchas pinturas y se la ha presentado usualmente como una mujer sexualizada. Aquí aparece por influencia de la pintura metafísica en la playa, en un espacio liminal, con la metáfora del océano como el inconsciente. Un grabado de Ana María Moncalvo, Yo en el fondo del mar (1947), ganadora del Salón nacional de ese año, cuya inspiración provino de un poema profético de Alfonsina Storni también trata la misma metáfora. En él la figura femenina se halla en un entorno plácido rodeada de criaturas marinas. Otros grabados, que constituyen una de las sorpresas de esta exposición, pertenecen a Elba Bairón. Se destacan, asimismo los fotomontajes de Grete Stern, las fotografías de Rosa Revsin, unas estupendas tintas de Martha Zuik, dibujos de Clara Esborraz y de la artista trans Valentina Quintero, un óleo de Rebeca Guitelzon donde se puede verificar la apelación al automatismo en el dibujo, obras más recientes de Cristina Schiavi y Fernanda Laguna y la presencia imponente de unos maniquíes con indumentaria para la exploración submarina de Nora Correas.
El segundo núcleo tiene su ámbito en el primer piso y se denomina Mitos latentes. Se focaliza en el interés que el surrealismo tuvo por la etnografía y la antropología y en las discusiones alrededor del concepto de lo totémico postulado por Sigmund Freud. A tal fin se expone una escultura de Magda Frank, artista sobreviviente del nazismo, inspirada en las culturas precolombinas y otra de Alicia Penalba que reúne las ideas de tradición y metamorfosis. A ellas se suman los Tótems astrales de Raquel Forner, llevados a cabo en pleno auge de la carrera espacial, una témpera de Lea Lublin, producto de una estancia en la provincia de Misiones donde las formas parecen impulsadas por el ejercicio del automatismo, un óleo de Martha Zuik que, al igual que la anterior, parece inclinarse hacia la abstracción, dos obras de Yente, y un auténtico hallazgo como la presencia de la única pintura realizada por Alejandra Pizarnik, quien fuera discípula y amiga del pintor Juan Battle Planas. Completan la sección obras de Florencia Bohtlingk, Ad Minolitti, Florencia Rodríguez Giles, Juana Butler, Alda María Armagni, Trinidad Metz Brea y Lucía Franco.
A continuación, en el primer subsuelo tiene lugar el núcleo Extrañeza familiar, que se concentra en la noción de lo siniestro (Unheimlich), propuesta por Sigmund Freud a partir de su análisis de los cuentos de E. T. A. Hoffman (1776-1822), que acabó siendo una de las claves preferidas por el surrealismo. Dentro de este sector las obras tienen que ver con la extrañeza sobre lo cotidiano, el animismo, el temor vinculado a la maternidad y el tema del doble o Doppelgänger. Este clima es evocado con claridad gracias a piezas como La indiferencia de Blonda Bugs (1981) de Mildred Burton, donde el personaje femenino retratado permanece impasible ante la presencia de insectos que pasan de ser motivos textiles a presencias vivientes. Escenas enrarecidas, a la vez, se perciben en las imágenes de El sueño de la muñeca (1975), de Aida Carballo, en República de los niños (2020) de Verónica Gómez y El trapero (1969) de Emilia Gutierrez Asimismo, una esquina de pueblo es el escenario del extraño cruce entre una presencia orgánica y la geometría racional en medio de un vacío onírico que evoca la pintura metafísica de Cuesta abajo (2025), de Jimena Losada. Lo cotidiano extrañado se palpa en la pieza de Marie Orensanz ...era.. (2018), y con una cuota de erotismo en Adiós, Ulises (1997) de Graciela Sacco. La selección incluye además obras de Leonor Vassena, Mariana Tellería, Leonor Parra, Liliana Porter, Sofía Finkel, Catalina Oz, Nicola Constantino y Florencia Rodriguez Giles.
Concluyen el recorrido otros dos núcleos que conviven en el segundo subsuelo. Ellos son Mundo cruel y Deseo y abyección. El primero tiene un carácter político ya que se remonta a la histórica posición antifascista del surrealismo. En referencia a la Argentina, la exposición puntualiza tres momentos: la década del 40, la del 70 y el presente. Aquí se exhibe la pieza más antigua de todas como es Del odio y la malicia (1940), de Mariette Lydis, una exiliada de origen austríaco que se radicó en Buenos Aires. En ella se aprecia un escenario de devastación luego de un bombardeo en el cual los personajes llevan la atmósfera de pesadilla a un nivel entre trágico y ominoso. Participando de este contexto, Raquel Forner se hace presente con La conferencia (1947), una pintura inmediatamente posterior a la II Guerra Mundial. En 1978, a poco de iniciarse la última dictadura cívico-militar. Silvia Brewda, presentó Las ataduras, una serie de dibujos en los cuales trabaja con sogas, telas y torsiones para reimaginar el cuerpo y el espacio. La artista describió la serie como surgida de un imperativo interior que daba cuenta de la época. Del mismo período se hallan obras de Lucía Pacenza y Josefina Auslender. En referencia al presente La construcción de un milagro (2025), óleo de Verónica Gómez, dialoga en forma adecuada con las escenas de destrucción y atmósferas metafísicas de sus antecesoras, mientras que la ironía y cierto caos se despliegan en las pinturas de Laura Codega. Participan en este núcleo, además, piezas de Florencia Marrapodi, Lola Orge Benech y Mónica Heller.
Deseo y abyección, se asocia con el denominado "surrealismo disidente" del escritor y ensayista francés Georges Bataille (1897-1962), quien mantuvo una querella con el sector liderado por André Bretón. En este capítulo, más que indagar en la identidad individual, las obras se centran en los regímenes de representación del cuerpo femenino y en cómo se subvierten, ofreciendo nuevas formas de relación con la materia, el deseo y la imagen de lo femenino. Atracción y repulsión conviven por igual. Nada Dorita (2002), de Vilma Villaverde, ocupa el centro del espacio por sus dimensiones y su innegable magnetismo. En ella, un cuerpo femenino en posición de nado, de espaldas al observador se encuentra encorsetado por dos mingitorios, mientras que es posible ver su rostro en una lámina reflectante que simula el agua. Autoabastecimiento (2022), de Mónica Heller, una videoanimación en 3D, insiste en el erotismo femenino y en el cuestionamiento de las lógicas de fetichización. Complementan esta sección obras de Josefina Labourt, Sonia Ruiz, Ornella Pocceti, Narcisa Hirsch, Florencia Rodríguez Giles y Renata Juncadella.
Proponiendo una alternativa a su histórica versión, el surrealismo en Continente oscuro se revela, no desde una selección de artistas que hayan adscrito a esa corriente, sino desde la detección de un entramado de síntomas procesuales, conceptuales y técnicos que a lo largo del tiempo han conservado y potenciado fragmentos de su ADN original. El resultado evidencia una ardua labor de investigación que ha permitido la exhibición de obras hasta ahora desconocidas, la revalorización de artistas relegadas al olvido y la introducción de aportes actuales producto de una revisión desde la perspectiva de género.
Continente oscuro
Hasta el 2 de agosto
Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA)
Av. San Juan 328 – CABA
Abierto todos los días, excepto los martes, de 12 a 19 hs