Nota publicada online

viernes 16 de octubre, 2026
Conocé a los finalistas del Premio Azcuy 2026
Las propuestas de los siete artistas seleccionados.
por Julieta Sassi
Conocé a los finalistas del Premio Azcuy 2026

En el octavo año consecutivo del Premio Azcuy, impulsado por la compañía integral de real estate en alianza con el Museo de Arte Moderno, la Fundación Azcuy anunció los siete finalistas de la edición 2026. Tras evaluar más de 2.000 postulaciones, el jurado seleccionó las siete propuestas finalistas que concursarán por un premio de US$10.000, además de su desarrollo e instalación en Donna Gioia, el edificio de Azcuy que será intervenido en esta edición. 

Edificio Donna Gioia

Luego de meses de trabajo durante los que los artistas imaginaron sus obras a gran escala, ahora les toca enfrentarse a una nueva etapa del concurso. Cada uno de ellos recibirá un premio estímulo de u$s 1.500 y continuarán desarrollando su propuesta durante los próximos dos meses para finalmente presentar su proyecto definitivo al jurado.
Los seleccionados expresan una gran emoción y gratitud tras recibir la noticia de su continuidad en la siguiente fase y se preparan para el estimulante desafío que los espera.  Llegó el momento de reformular, repensar y emprolijar los proyectos en conjunto a los tutores asignados, para finalmente defender sus proyectos definitivos el 3 de diciembre en el Museo de Arte Moderno.
Los siete artistas elegidos fueron Desirée De Ridder, Marcolina Dipierro, Desirée Du Val, Julio Hilger, Fabiana Imola, Federico Lanzi y Paola Vega. Desde Arte Online, pudimos conversar con cada uno de ellos para que nos cuenten sobre sus proyectos.
“CántaroNido”, por Desiree De Ridder
Esta propuesta fue pensada para colocarse en la cumbre del edificio y consistiría en la instalación de una escultura que alude a los nidos de barro construídos por las aves. La artista nos cuenta que a través de su proyecto busca visibilizar la necesidad de crear espacios acogedores para la fauna en las grandes ciudades y la urgencia de conectar con otros seres vivos. “Un jardín sin aves, insectos y murciélagos es un mero telón decorativo”, comenta Desirée.

CÁNTARONIDO, DE RIDDER, Desirée

 
“Reflexiones”, por Marcolina Dipierro
En este proyecto la chapa se sitúa como algo más que un espejo y es presentada como un campo de transformación. Para Marcolina, “Reflexiones se construye entre lo real y su reflejo, entre la materia y aquello que la materia hace aparecer, entre la arquitectura que parece inmóvil y un entorno en permanente movimiento”. Su obra se situaría en el hall del edificio y visualmente cumpliría el rol de un espejo convencional. De todas formas, mediante su intervención recibe, contiene, altera y devuelve aquello que lo rodea y visibiliza que ninguna percepción permanece idéntica a sí misma. Además, la artista menciona que enfrenta esta nueva instancia con una posible reformulación del proyecto que podría convertirse en un nuevo desafío de ilusiones.
 

REFLEXIONES, DIPIERRO, Marcolina

“Las Rabiosas”, por Desirée Du Val
Según explica Desirée, “Las Rabiosas nacen en la intersección del diálogo entre la naturaleza y la gran jungla de cemento". La artista parte de la premisa de que “la naturaleza siempre es lo suficientemente fuerte para emerger y, si quiere, salir entre medio de las baldosas y el cemento”. La obra se pensó para estar distribuida por distintos espacios del edificio y la obra madre se asentaría en el pasillo conector de las dos torres. Esta pieza central consiste en una pared vegetal de hierros reciclados, soldados, modelados y pintados que representan la vegetación. A este mural se suman dos instalaciones en el hall y en la terraza del edificio vinculadas a la obra central por su similitud en materiales y temática. 
 

“Pichichos y michis de agua”, por Julio Hilger
Julio expresa que a través de esta propuesta busca resignificar los elementos tradicionales de la fuente de agua y las figuras escultóricas de jardín. En esta reinterpretación contemporánea en la forma de perros y gatos, pone en el foco la relación entre las personas y los animales, que, según el artista, “aparecen no sólo como animales, sino como compañeros, habitantes y protectores del espacio”. El proyecto convierte a estas piezas escultóricas en presencias fuertes, que se ven atravesadas por el agua y muestran el vínculo entre especies.
 

PICHICHOS Y MICHIS DE AGUA, HILGER, Julio

“Proyecto canopia”, por Fabiana Imola
El proyecto consiste en una estructura de acero inoxidable pulido en espejo que se ubicaría en la cumbre del edificio. Según cuenta Fabiana, nace del estudio sensible de la vegetación que rodea al edificio, y en particular observa la Avenida Pedro Goyena. “No concebí la pieza como un adorno rígido sino como una grafía envolvente y viva”, explica la artista. Su objetivo es traducir a la dureza del metal la ligereza de las ramas, el follaje y las sombras de las tipas. A su vez, su escultura dialogaría con la luz solar generando destellos y reflejos, proyectando un “dinámico juego de sombras caleidoscópicas sobre la terraza”.

PROYECTO CANOPIA, IMOLA, Fabiana

 
“Quema en el agua, lava en el fuego”, por Federico Lanzi 
Esta propuesta consiste en la instalación de dos grandes esferas doradas de diferentes dimensiones en la cima del edificio, además de un mural de azulejos en la zona de la piscina ubicada en la terraza. El artista comenta que a través de estos objetos busca transformar la experiencia de sus habitantes y resignificar su relación con el espacio. Según manifiesta Federico, la obra evoca al imaginario del esoterismo buscando “convertir simbólicamente al edificio en una especie de templo y la piscina en un estanque”.

QUEMA EN EL AGUA, LAVA EN EL FUEGO, LANZI, Federico

“Sin título”, por Paola Vega
Mediante la intervención de la piscina y la zona de esparcimiento del edificio, este proyecto busca trabajar el concepto de la pintura expandida que sale de los límites del bastidor. "En esta obra la pintura se dilata en el espacio para relacionarse directamente con la arquitectura", explica Paola. La expansión no sólo se limitaría desde la pintura hacia la arquitectura, sino también hacia las personas: se establece una relación directa con los cuerpos de quienes transitan el lugar. Cuando alguien se sumerge en la piscina, también transforma a la pintura. Además, esta obra resulta sumamente dinámica y viva ya que según las horas del día y la luz natural con la que disponga el espacio sus colores irían fluctuando.

LA BRISA, VEGA, Paola