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Más de un millón y medio de visitantes, diez escultores internacionales trabajando durante siete días frente al público y una jornada de cierre con alrededor de 250.000 personas. La Bienal Internacional de Esculturas del Chaco volvió a consolidar a Resistencia como un museo a cielo abierto único en el mundo.
Mientras el circuito artístico debate cómo ampliar audiencias y sacar el arte de los espacios tradicionales, Resistencia lleva más de tres décadas modificando la identidad de una ciudad. Con la Bienal del Chaco 2026 recién concluida, su director, José Eidman, realizó un balance altamente positivo de esta edición y remarcó el impacto que la Bienal volvió a generar en el turismo y en la economía de la provincia.
Quien visita la Bienal por primera vez descubre rápidamente que el verdadero acontecimiento no es el concurso. Es el movimiento. Tomar una fotografía donde solo aparezca una escultura es una misión casi imposible. Un voluntario limpia el polvo blanco que deja la piedra. Un escultor se acerca y responde preguntas sin dejar de trabajar. La obra nunca está sola porque aquí el proceso y todo lo que sucede alrededor importa tanto como el resultado. Esa es una de las grandes diferencias de la Bienal del Chaco. El público no observa desde la distancia: participa del nacimiento de cada escultura. Ve los cambios de decisión, el esfuerzo físico, el tiempo que requiere transformar un bloque en una idea. La creación se convierte en experiencia compartida. Se mezclan el folclore con la música contemporánea, los aromas de la gastronomía regional con el polvo del mármol, los artesanos con los curadores, los estudiantes con los coleccionistas.
El Fogón donde todo comenzó
Para desentrañar el linaje de este fenómeno sociocultural es indispensable remitirse al Fogón de los Arrieros. Fundado en 1943 por los hermanos Aldo y Efraín Boglietti, aquel singular espacio de encuentro operó como un imán para los intelectuales del siglo XX. Cuando la fotógrafa Grete Stern lo visitó en 1958, descubrió en él una auténtica "isla de modernidad". Por sus salas transitaron personalidades como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Emilio Pettoruti, entre muchas otras. Fue allí donde maduró la utópica premisa de democratizar la estética, sacando el arte a las calles de una ciudad en plena formación. Décadas más tarde, aquella visión encontró su gran impulsor en la figura del inolvidable escultor Fabriciano Gómez. Hoy, la Fundación Urunday, bajo la dirección ejecutiva de José Eidman y Mimo Eidman, ha consolidado ese legado en una política cultural sistemática. Resistencia exhibe con orgullo una colección urbana de más de 650 esculturas distribuidas en sus avenidas, plazas y paseos.
En esta edición, dicho patrimonio se ha enriquecido sustancialmente con la incorporación de tres obras de excepcional factura:Síntesis de amor, de Lucy Mattos; Tiempo, de la artista letona Solveiga Vasiljeva y Rugido de fuego, de Desirée de Ridder.
Los premiados
La premiación final confirmó el carácter verdaderamente internacional del encuentro. El chileno Mauricio Guajardo obtuvo el Primer Premio con Cubo Etéreo. El búlgaro Georgi Minchev recibió el segundo premio por Fragmento de algo más grande y la ucraniana Lyudmyla Mysko el tercero con Metaestructura. Además, se entregaron los Premios del Público, de los Niños y de los propios escultores a los artistas Alex Sorokin (Bielorrusia), Ulash Urakov (Uzbekistan) y Anna Rasinska y Lyudmila Mysko.
Una mención especial merece el Premio Desafío "Hierros Líder", que este año consagró al equipo de jóvenes escultores de Córdoba. La reconocida escultora Paulina Webb, una de las integrantes del jurado, nos cuenta que la Bienal es una manera de vivir la escultura. Habla de liderazgo compartido, de un equipo comprometido con un propósito mayor y de una generación que aprendió junto a Fabriciano los valores del trabajo colectivo.
Bajo la dirección curatorial de Gustavo Insaurralde, curador de la Fundación Urunday, la Bienal ha ampliado sus horizontes, convirtiéndose en una plataforma interdisciplinaria holística. En paralelo a la talla en directo, el programa incluyó el Congreso Internacional de las Artes, con disertaciones de figuras como Andrés Duprat (MNBA), Francisco Marchiaro (Palacio Ferreyra) y Eleonora Jaureguiberry (MALBA), además de la histórica reunión del ICLAFI-ICOMOS (organismo consultivo de la UNESCO). El cierre de la Bienal del Chaco no marcó una pausa para su curador, Gustavo Insaurralde: al día siguiente emprendió viaje hacia Juan José Castelli para ponerse al frente de la primera Bienal del Impenetrable, un nuevo desafío que busca llevar el arte de la escultura al corazón del monte chaqueño.
La agenda incorporó, además, una fuerte dimensión ambiental. Las actividades dedicadas al Impenetrable Chaqueño propusieron pensar el paisaje como patrimonio cultural. Elaborada con barro autóctono por Desirée de Ridder y su hija,Rugido de fuego demuestra la capacidad de la escultura para encender la conciencia ecológica. El fuego, activado en una ceremonia, no destruyó la pieza sino que la consagró a través de la cocción. Al transformar la fragilidad de la arcilla en una materia resistente y perdurable, la obra inmortaliza simbólicamente al yaguareté y alza un potente grito de auxilio por su conservación.
Dentro de las novedades del programa, la experiencia Buonarroti sumó un cruce entre escultura clásica e interactividad digital. El público pudo interactuar con el holograma de una obra que se fragmentaba en el aire y rearmarla en el espacio.
La ceremonia de premiación de la Bienal del Chaco 2026 concluyó con un espectáculo de drones que dibujó imágenes en el cielo, con un emocionante relato territorial y el auspicioso anuncio de la Bienal del Chaco 2028, la obra más extraordinaria que Resistencia construye cada dos años, ya está en marcha.