Nota publicada online
La primera edición de Al Hueso convirtió un edificio de Chacarita en una feria habitada, donde el arte se establece como cercano, accesible y posible. Desde el 30 de octubre hasta el 1 de noviembre en Humboldt 1271 se reunieron 28 proyectos de distintas regiones del país e internacionales, con departamentos intervenidos, obras con precio a la vista y una diversa programación.
Del 30 de octubre al 1 de noviembre, durante una semana con una intensa agenda cultural, Al Hueso propuso una feria disruptiva respecto a los formatos tradicionales: cruzó disciplinas, lenguajes y públicos, e invitó a vivir el arte más allá de los stands y las salas de exposición. Ubicada en un edificio de 1.100 m² en Chacarita, la feria se convirtió durante tres días en un espacio de exhibición, encuentro y convivencia para artistas, galeristas, proyectos editoriales y su público. Organizada por Tacha, espacio cultural de arte sustentable, esta primera edición contó con la participación de 28 proyectos de diversas regiones del país, además de propuestas internacionales de Chile, España, Uruguay y Suiza.
Más que exhibir obras, Al Hueso parte de la idea de volver el arte cercano, accesible y posible. Para lograr este acercamiento entre el público y los proyectos, la convivencia fue pensada como parte central de la experiencia. Durante los tres días de feria, el edificio no sólo fue intervenido con obras, sino que además se convirtió en un espacio de hospedaje para los artistas. Esto se conecta directamente con el punto de partida de la feria: entrar a una casa y encontrarse con el arte. Esta cercanía también se vio en la ruptura con los rituales tradicionales. En lugar del clásico corte de cinta, la apertura, bautizada “Panzada de arte”, fue un banquete de arte comestible a cargo de Miriam Hecht, junto al colectivo ecofeminista VIBRAMUJER. Las copas, lejos del champagne, se colmaron de vino y cerveza para brindar por un mundo de arte contemporáneo, contemporáneo.
Otro de los objetivos de la feria fue promover la adquisición y el coleccionismo de obras a través de la accesibilidad. La entrada incluyó dos objetos coleccionables: un hueso de cerámica realizado por la artista Mara Riviello López y el fanzine de esta primera edición con textos, frases y dibujos de los proyectos participantes. Una vez adentro, las obras tenían sus precios a la vista, decisión que busca transformar el vínculo del público con la dimensión comercial del arte y apostar por un intercambio más directo y transparente. En cuanto a la propagación del arte, Al Hueso asegura su impacto real en el acompañamiento y sostenimiento de sus artistas destinando parte de lo recaudado con las entradas a sus proyectos expositivos.
Más allá de los tres días de feria, el evento buscó extender su presencia fuera del edificio y de los canales tradicionales de comunicación. Además de intervenir el paisaje urbano con huesos que fueron apareciendo por la ciudad, la feria realizó junto a Alucine un podcast de cinco episodios que reúne distintas voces para conversar sobre las formas de producir, mostrar, compartir y vivir el arte contemporáneo.
La programación de esta primera edición incluyó performance, música en vivo, poesía, presentaciones de libros, conversatorios, intervenciones artísticas, experiencias participativas y proyecciones audiovisuales. Con esta ruptura evidente del formato tradicional, Al Hueso propone un arte que, lejos de permanecer intacto, resulta habitable y ocurre en el encuentro.
