Nota publicada online

martes 3 de noviembre, 2026
Adriana Bustos. Código natal: los orígenes cósmicos del Museo
Un atlas zodiacal
por Alejandro Zuy
Adriana Bustos
Adriana Bustos

Con motivo de la celebración del 130° aniversario del Museo Nacional de Bellas Artes, Adriana Bustos presenta un dibujo monumental que reinterpreta la historia de la institución. La exposición incluye otro dibujo y un video de la artista, más 64 obras de la colección seleccionadas por ella. La curaduría estuvo a cargo de Mariana Marchesi.

¿Cómo referirse a la historia de una institución emblemática sin reiterar lo ya expresado por el discurso académico?, ¿Cómo producir una lectura revisionista que sea conmemorativa y al mismo tiempo descentrada? Algunas de estas preguntas parecen haber pasado por la mente de Adriana Bustos al momento de recibir la convocatoria del MNBA y encarar un proyecto que tuviera que estar a la altura de la celebración y, al mismo tiempo, de sus propias búsquedas.

De todo laberinto se sale por arriba escribió Leopoldo Marechal hace 90 años. Esta fórmula, útil al momento de tener que enfrentarse ante una encrucijada, casi en su literalidad fue puesta en práctica por Bustos. Fue así que dirigió su mirada hacia el firmamento y decidió realizar una interpretación de la colección desde el aspecto astrológico a partir de una carta natal. Para ello contó con la colaboración de la escritora y astróloga Claudia Aboaf, autora, entre otros títulos, de Astrología y Literatura: Diálogos cósmicos: Borges - Xul Solar | Pizarnik - S. Ocampo (2022). Aboaf tomó como referencia la fecha del decreto de creación del Museo Nacional de Bellas Artes, firmado por el entonces presidente José Evaristo Uriburu el 16 de julio de 1895, acto en el cual, además, se designó como primer director a Eduardo Schiaffino.

La artista, al no atenerse a las formas de conocimiento legitimadas y apelar a un saber ancestral, no calificado como científico, consumó una operación de desplazamiento gracias al cual obtuvo una libertad única para examinar, desarmar, mezclar imágenes o dejarse llevar por intuiciones dentro de los márgenes de un patrimonio invalorable. Tomando en consideración la información volcada en la carta natal, su tentativa derivó en la selección de 64 obras, entre las que se pueden observar pinturas, esculturas, fotografías, objetos y un video, de una colección compuesta por 14.000 piezas; desafío irresistible para alguien que considera a la investigación como uno de sus pilares de trabajo.

Al ingresar a la sala, puede verse en primer lugar la carta natal elaborada por Aboaf. En ella se expresa el sentido y la dinámica de tres ejes interrelacionados. El primero es el correspondiente a Cáncer-Tauro que tiene que ver con la identidad del museo y trabaja en la acumulación y la protección del arte naciente en cada tiempo. El segundo es el de Plutón-Venus, relacionado con la sensibilidad, los sueños colectivos y la belleza, y, por último, el de Urano-Luna, el activador de lo impensado. Luego, en las paredes laterales, se hallan las creaciones pertenecientes al museo y en la pared opuesta al acceso, las tres piezas de Bustos. La principal es el minucioso dibujo de gran escala Carta natal del Museo Nacional de Bellas Artes –realizado con el apoyo de Arthaus–, en el que la artista resume en un zodíaco personal los fragmentos significativos de las obras escogidas de la colección. En su centro ubicó Femme et taureau (1885), de Alfred Roll, que condensa en una sensual escena campestre los reflejos de la luz solar, el encanto de la piel de la mujer y la potencia salvaje de la bestia taurina. Al costado derecho se encuentra un dibujo de menor tamaño: Planisferio celeste del Museo y hacia la izquierda un video: Plutón en la Casa de Bombas. Cabe recordar aquí que, donde reside la actual sede del museo, antes funcionaba la antigua Casa de Bombas de Recoleta, que fue una histórica planta de bombeo y purificación de agua que abasteció a la Ciudad de Buenos Aires desde finales del siglo XIX hasta su desactivación. En el video, grabado con una cámara subacuática, se pueden apreciar las reliquias de los piletones, la expansión impetuosa de la herrumbre y el sigiloso murmullo de las aguas de un mundo pretérito, pero aún pulsante.

El gran ensayo visual, que se despliega sobre las paredes laterales, manifiesta por supuesto el influjo de los astros. Su anclaje se explicita a través de las claves escritas por la artista a pie de los grupos de imágenes pese a sus límites difusos. Hacia un lado se encuentra una mención a Marte: "Un disparo de luz y un fragmento de tiempo que se paraliza en número de un turno". En su cercanía se hallan, entre otras, piezas de Andrea Ostera, Libero Badii, Liliana Porter y una estatuilla antropomorfa del noroeste argentino. Pasos más adelante las referencias son Venus y Tauro: "La unión del mundo receptivo de Cáncer y la fuerza estética de Tauro". Allí está la mencionada pintura de Roll, otra del pintor italiano Giuseppe Palizzi con vacunos como protagonistas y el modelo de la escultura de Dominique Jean-Baptiste Hugues, La República Argentina, utilizada en el Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889. Por último, el vínculo es con Géminis: "El predicador, creador de idiomas y de juegos", con el cual encuentran lugar una acuarela de Xul Solar, Cintas (rosa) de Cristina Schiavi y un Cupido, de Edgardo Gimenez.

Frente a ese conjunto, otro grupo de trabajos revela el desarrollo de un relato más complejo, aunque igual de abigarrado. Se inicia con Aries y Marte: "La dinámica del deseo, la presencia oculta de un amante compartido", donde se destacan El sillón azul de Pablo Suárez, una fotografía del estadounidense Robert Mapplethorpe o una escultura de Elba Bairon; todas superficies que aluden a corporalidades. Le sigue el signo de Acuario: "A primera vista parece una escena costumbrista tradicional pero la joven no mira al gaucho y rompe el coloquio amoroso". La frase deja entrever la acción que sucede en Idilio criollo de Jean Léon Pallière, que dialoga con los Calvos herméticos de Aída Carballo o con la foto de Liliana Parra, Iván y Federico -Clase 1976- . A continuación se halla el capítulo ambiguo de Piscis: "El ego se disuelve y los cuerpos borran sus fronteras" y el Fabián de Juan Travnik junto con La familia del sentenciado de Mildred Burton. Le sucede Saturno: "Desciende a las profundidades de la montaña para descentrañar la realidad", que brilla con un desafiante verso del poeta español Miguel Hernández recuperado en un cartel por Juan Carlos Romero, el cual es bien acompañado por una fotografía en blanco y negro de Sebastián Szyd y por un vaso zooantropomorfo de la cultura Condorhuasi. Hacia el final, casi que confluyen Urano-Luna: "Tensión entre tradición y transgresión. Lo indescifrable la autoexpresión en estado puro" y Plutón-Venus: "Arquetipo de la sensualidad, del arte y la belleza. Plutón es potencia oculta transformadora", donde se pueden apreciar El despertar de la criada de Eduardo Sívori, el Torso de Liliana Maresca, la Joven oriental de Juana Romani o una muy expresiva imagen de Tita Merello capturada por la lente de Annemarie Heinrich.

Apartarse del hilo principal, de los protocolos narrativos convencionales, no es perderse sino expandir el campo de posibilidades del relato. En esta exposición, Adriana Bustos consiguió establecer una nueva y enriquecedora organización del acervo visual y simbólico de la institución artística más relevante del país, fundada en dos determinaciones: la oposición al uso de una sintaxis unidireccional y la apuesta, si se quiere hasta lúdica, de confiar en nociones y fuerzas infrecuentes. De este modo, ha hecho destellar asociaciones impensadas, reveladoras, donde cuerpos, historia, sensualidad y misterio acaban tramando un vigoroso atlas no tradicional.

Museo Nacional de Bellas Artes

Av. del Libertador 1473, CABA

Hasta el 15 de noviembre de 2026