Nota publicada online

jueves 26 de febrero, 2026
78 Salón Nacional de Rosario
Con impronta federal, se acerca a sus jóvenes ochenta años
por Claudia Laudanno
Fotografía de Pato Codina
Fotografía de Pato Codina

Hasta el 5 de abril, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, acoge una selección de treinta obras de artistas de todo el país, con apuestas expositivas diversas. Premios adquisición y menciones destacan el valor de este evento, que ya es una tradición en la escena artística nacional.
Con un jurado de selección y premiación, integrado por Francisco Lemus, Georgina Ricci, Roberto Echen, Norma López, Mauro Guzmán, Verónica Gómez y Bárbara Vernet, la actual edición del Salón Nacional de Artes Visuales de la ciudad de Rosario, se distribuye por los siete, de los diez pisos de los ex Silos Davis, reafirmando su carácter de “arte sin disciplinas”, desde sus inicios, para dar lugar a nuevos colectivos de artistas e impulsar el quiebre de la ortodoxia, aún vigente, en algunos de los salones de artes plásticas de nuestro país. 

Vista de sala. Foto Pato Codina

En efecto, el hecho de que hablemos de los lenguajes del arte y su heterodoxia, torna más rica esta propuesta anual, en la cual, se han dado cita, creadores de distintas provincias y ciudades, promoviendo, sobre todo, la realización de proyectos inusuales, que mixturan diversas disciplinas estéticas, otorgando a la colección de arte contemporáneo, de dicha entidad, un valor agregado.
Justamente, desde su fundación en 2004, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, promovió un plan de adquisiciones y acervo, basado en expresiones artísticas de los noventa en adelante, promediando ya casi la tercera década del siglo XXI. Por tal motivo, posee una de las colecciones más relevantes de arte contemporáneo argentino. 
Haciendo un poco de memoria, los ex Silos Davis fueron una construcción típicamente industrial para el acopio de granos en la década del treinta de la centuria anterior, diseñados, por el prestigioso arquitecto Ermete De Lorenzi, el mismo que proyectara la sede del Museo de la Memoria, en el corazón neurálgico de la ciudad. 
Con una estructura colosal de ocho cilindros de cemento, su fachada es multiforme y cambiante, ya que se presta para las intervenciones murales de talante efímero. Este último aspecto, también le agrega otro sello distintivo, a este gigante que se erige en Boulevard Oroño y el río Paraná. 
El Premio Adquisición Salón Nacional de Rosario, otorgado por la Municipalidad, recayó en "Sin título", de Clara Miño, oriunda de la localidad santafesina de Elortondo. Mientras que el Premio Colección del Ministerio de Cultura de la Provincia de Santa Fe, fue a manos del artista porteño Joakin Fargas, por su obra "Faros". Por su parte, Juan Reos, también de C.A.B.A fue galardonado con el Premio Adquisición de la Fundación Castagnino, por "Ascensión", de la serie "El burro Lucio".

También el jurado decidió entregar menciones honoríficas, con intenciones concretas, de incorporar, tales piezas, al acervo museístico actual. Ellas son las siguientes:
"Yapeyú", de Valentín Demarco (Olavarría, Provincia de Buenos Aires). Se trata de un video color sonoro de 4 minutos y 49 segundos. Hoy apuesto más a las vibraciones desde que bebo en copas que trinan bonito porque vivo dentro de una víbora que hace rato cambió su piel y ya no es la misma (2025), de Maximiliano Romero Almenar, artista salteño que presentó cuatro técnicas mixtas de pequeñas dimensiones, efectuadas con óleo y acrílico, sobre telas recuperadas de la basura de Buenos Aires y marcos realizados con restos y fragmentos de marquetería, sobre una pared pintada y teñida de púrpura, con un elemento tan natural y perecedero, como la remolacha, una  simple hortaliza. 
Y finalmente, "La común amnesia" (2025), un video color de 7 minutos de duración, cuya autoría conjunta pertenece a las neuquinas Suyai y Malén Otaño

Cabe destacar que, el jurado eligió 30 proyectos expositivos de las 860 propuestas recibidas de todo el país.
Por otra parte, los autores de las obras premiadas y de las menciones poseen sólidas trayectorias, con formación universitaria en el campo de las Artes Plásticas, así como becas, residencias, y participación en el escenario nacional e internacional, a través del circuito de las galerías.
Sin título, el trabajo de Clara Miño, es una pintura de inspiración neopop y neofigurativa, con neto espíritu narrativo, que bien puede dividirse en dos partes, según la línea de horizonte, trazada para generar dos tipos de historias que actúan en simultáneo. En la parte superior, un paisaje marino tempestuoso y relampagueante, que hace eje en lo sublime, muy cercano a las visiones de Caspar David Friedrich, acompañado por la singularidad de una figura angélica femenina, sosteniendo un candelabro. Algo de realismo mágico se desprende de este tipo de trabajos de Miño, quien contrapone dicha visión, a una “veduta” de la pampa, con una figura femenina recostada sobre una reposera, bajo una sombrilla con la estampa típica del merchandising de la firma Coca Cola
Miño, actualmente se encuentra realizando una residencia en el prestigioso Instituto Torcuato Di Tella, al mismo tiempo, que cursa la carrera de Bellas Artes, en la Universidad Nacional de Rosario. Su estética está ligada a una postura ética, de matíz queer, vocablo anglosajón que significa “extraño”, “peculiar” y “raro”. Implica, además, un posicionamiento político, que se opone al “cisheteropatriarcado”, apostando por las identidades fluidas, no binarias, la diversidad y el rechazo de categorías fijas e inamovibles. Para Miño, poseer una conducta queer, implica la transformación de un mote peyorativo, en símbolo de empoderamiento y resistencia, que pretende la inclusión de las diferencias, en todos los ámbitos de la vida cotidiana y de relación. 
Joakin Fargas con "Faros", ensayo fotográfico a gran escala, compuesto por un conjunto de seis fotografías, que terminan por articular una red entre sí, reconstruye una serie de microrrelatos autorreferenciales, con personajes que, desde su anonimia, recuperan la propia identidad desde el compromiso social, la ayuda empática y silenciosa hacia el prójimo, sin ningún tipo de ayuda o sostén estatal. Cabe señalar que todos sus personajes pertenecen a la Generación Silver, un tipo de tribu urbana, compuesta por personas de 50 a 75 años aproximadamente, que se autodefine, por un envejecimiento activo, vital y digital. La mayoría de ellos, actúan como mentores y filántropos. Del mismo modo, exhiben alta inteligencia emocional, resiliencia y visión estratégica de la vida. Se trata de personas que no posan para la foto, pues no lo necesitan. Fargas los encuentra siempre, en plena tarea y, la primera imagen, es la mirada de cada uno de ellos. Figuras que pueden transmitir dureza, cierta aspereza y rusticidad. Sin embargo, detentan una gran nobleza y dignidad. Por ejemplo, Julia, una vigorosa mujer de trenzas blancas, resultó ser el primero de los retratos. Habita en el sur de Córdoba y trabaja con caballos, criados desde potrillos, para desarrollar labores de equinoterapia, con niños autistas. 

Auntenticidad y naturaleza al estado puro. Las heroínas y héroes de Fargas emergen en fotos frontales. Así, Margarita, del barrio de Constitución, es otra de ellas. En efecto, forma parte del colectivo Madres Trata, que acompaña y ayuda en casos de desaparición de mujeres, niñas, adolescentes y femicidios, relacionados con la trata de blancas. Su relación con este rango de ensayo fotográfico es netamente autorreferencial, dado que hace treinta años perdió a su propia hija, a causa de ello.
Desde Neuquén, Rolo y Kertty, destruyen paradigmas y estereotipos. Dos seres, que solamente en su apariencia parecen rústicos, sin bien están dedicados de lleno a tareas comunitarias, como solventar comedores y merenderos, a la vez que, entregar juguetes, ropa y calzado a quienes no tienen nada. Es la Argentina del trabajo en silencio, sin banderías políticas ni ideológicas, la que resulta retratada por Fargas, en este tipo de piezas. Finalmente, Maby, mujer trans, que se ubica en el territorio de Cafayate. 
Se trata de seres reales de carne y hueso, que exudan fortaleza y trabajan desde un medio adverso. De tal forma, las problemáticas de la adversidad y de la vulnerabilidad,  constituyen los disparadores de una obra plural y colosal, donde la relación entre territorialización y desterritorialización se hace presente, con total contundencia. 

"Faros" es más que una serie fotográfica. Es también un libro y una exhibición artística. Sin lugar a dudas, representa un trabajo monumental, el cual, excede lo meramente documental del discurso fotográfico, para internarse en lo vivencial.
Por su parte, Juan Reos, licenciado en Artes Visuales por la Universidad Nacional de las Artes (UNA) es el creador de una serie temática de 5 esculturas, de medidas variables, dedicadas a un asno, con historias paradojales que dejan moralejas. Así la define su autor aduciendo, “de cómo nuestro querido Lucio conoce el mundo de una sucesión de desventuras y hechos fortuitos”.  
Su obra "Ascensión" es una suerte de objeto instalatorio, constituido por un óleo sobre tela, cera, acrílico, madera, ramas y piedras, de 60 x 50 x 27 cm. Del mismo conjunto temático, vale la pena destacar su trabajo Ruinas con burro, presentada en la XXVIII edición del Premio Klemm, en 2025. Reos ha expuesto, recientemente, en la Galería Vermeer, de Buenos Aires y realizó sendas residencias de artistas en la Fundación Armando Álvares Penteado de Sao Paulo, Brasil, así como en De Liceiras, Oporto, Portugal. S desempeña como docente de la materia Proyectual de Pintura, en la Cátedra Bissolino, de la UNA.

Vista panoramica

Los horarios de febrero del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario agregan los “miércoles nocturnos”, de 20 a 22 hs, pudiéndose visitar el mismo también, los jueves, domingos y feriados, de 14 a 20 hs. Mientras que las visitas guiadas se desenvuelven a las 17 hs.