19 mayo 2019
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Margit Eppinger Weisz

Travesías
21/02/2019 - 27/04/2019
Suipacha 658 - 1º Piso

Curaduría Cecilia Rabossi

Margit Eppinger Weisz fue una artista húngara que, por el devenir de la historia, vivió en la Argentina. Fue una mujer libre, que tomó importantes decisiones a lo largo de su vida. Estas decisiones requirieron diversas travesías para poder ser concretadas, como viajar sola a Berlín y París en la década de 1920 para estudiar y trabajar, fugarse para salvar la vida de su familia, emprender viajes exploratorios en busca de un lugar de residencia o, ya mayor, visitar múltiples lugares del mundo para registrar en sus pinturas y dibujos diversos paisajes, personas y atmósferas.
Margit estudió en Budapest con el pintor Adolf Fényes. Su pintura, fundamentalmente compuesta por retratos y paisajes, se inscribió en los realismos de entreguerras. En su estancia parisina, a mediados de la década de 1920, se vinculó con el mundo de la moda al colaborar con ilustraciones en diversas publicaciones. En 1930, regresó a Budapest y, a pesar de haber contraído matrimonio y tenido a sus hijos Marion y Ervin, continuó con su carrera artística participando en salones y obteniendo distinciones. En 1939, Europa se sumerge en los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Margit y su familia lograron sobrevivir a la guerra, la discriminación y la persecución por ser judíos. Si bien las leyes antijudías ya estaban vigentes en Hungría, a partir del 18 de marzo de 1944, día en que el ejército alemán invadió el país, comenzaron las deportaciones masivas a los campos de concentración. Esta situación provocó que escaparan a Eslovaquia y, gracias a la ayuda de una familia húngara, aristocrática y católica que los ocultó, pudieran sobrevivir. En los primeros meses de 1945, liberados por las tropas rusas, emprendieron el regreso a Budapest.

Marion Eppinger retratada por Magrit

Nuevamente en su ciudad, Margit activó los lazos con la escena artística. En esos años de la inmediata posguerra, entre 1945 y 1947, su casa se convirtió en un lugar de encuentro. Las visitas de artistas —como Corneille, Jacques Doucet, Jenõ Barcsay y María Modoc—, escritores —como Louis Aragón— y músicos —como Sándor Reschofsky y Zoltán Kodály— quedaron registradas en un pequeño cuaderno de visitas. También se vinculó con los artistas que conformaron el movimiento llamado “escuela europea”, concentrado en la pequeña ciudad de Szentendre. Más allá de restablecer los vínculos y contribuir a reactivar la escena artística, en definitiva, volver a tener una vida normal, Margit sintió la necesidad de ser testigo de la historia. Esa necesidad la llevó, a fines de 1945, a presenciar el juicio del tribunal del pueblo a los jerarcas nazis húngaros. En un breve texto biográfico, Margit señalaba que “[...] fue la única artista autorizada a asistir a los juicios contra los criminales de guerra para poder retratarlos”. Sus dibujos, rápidos y expresivos y realizados en carbonilla, tenían la función de reflejar lo que sucedía. Margit interpretó el lenguaje corporal de los acusados y capturó sus expresiones y posturas; precisaba plasmar las imágenes de los culpables frente a la justicia. A diferencia de las fotografías, su trazo develaba la emoción que le producía ser testigo privilegiado de ese momento.
Ya en la Argentina, a partir de 1948, colaboró con sus diseños en diversos talleres textiles hasta que, en 1959, comenzó a trabajar exclusivamente en la empresa textil familiar y así abandonó su carrera artística. Margit no solo dibujaba modelos, también hacía los moldes con las instrucciones para la elaboración de las prendas. Esta incursión en el mundo de la confección se extendió hasta mediados de la década de 1960, cuando retornó al mundo de la plástica. En ese momento empleaba el óleo, la témpera, la acuarela, el grafito, la carbonilla y las fibras para pintar fieles retratos, diseñar múltiples paisajes que registraban sus viajes por Europa, Latinoamérica y África y registrar mundos imaginarios. En 1975, expuso sus obras, por primera y única vez, en la galería Martina Céspedes de Buenos Aires.
Esta exposición propone una travesía, con el poder transformador que posee el viaje, por la producción artística de esta artista húngara-argentina que, pese a las vicisitudes que debió enfrentar, continuó creando.

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