Riobamba 985
La Casa Nacional del Bicentenario presenta El tiempo no soporta que lo marquen, una exposición que reúne obras de Guido Ast, Pablo Butteri, Eva Dolard, Florencia Nieto y Heliana Rucco, curada por Ana Larrére y Gelen Marquez Silva.
Texto curatorial
Quizá el Tiempo se ofenda porque insistimos en medirlo. Lo dividimos en horas, fechas, aniversarios. Intentamos reconocer dónde comienza una historia, cuánto dura una imagen, en qué instante algo deja de ser presente. Pero el tiempo no sucede solamente en los relojes. También sucede en una flor que cambia lentamente de forma. En la luz que vuelve distinta sobre un mismo paisaje. En una fotografía que ha permanecido durante años y que, una tarde cualquiera, parece mostrarnos algo que antes no habíamos visto. Hay imágenes que conocen el camino de regreso. No vuelven para llevarnos hacia atrás. Aparecen en medio del presente y modifican, por un momento, su intensidad. Una forma, un color, un movimiento casi imperceptible pueden aproximar tiempos distantes.
¿Qué conserva una imagen?
¿El instante en que fue creada?
¿La mirada de quien la produjo?
¿Todo aquello que comenzó a suceder después?
La memoria afectiva habita esas preguntas. No siempre se presenta como un relato. A veces permanece en un detalle, en una atmósfera, en la relación silenciosa que construimos con ciertas cosas.
Borges imaginó a Funes, capaz de recordar cada hoja, cada nube, cada variación de la luz. En su mundo nada podía perderse, pero tampoco podía confundirse, reunirse o transformarse. Cada instante permanecía solo, cercado por su propia precisión. Recordarlo todo era otra forma de quedar detenido. Tal vez la memoria necesite espacio. Una distancia entre las cosas. Un intervalo donde una imagen pueda acercarse a otra y producir una relación inesperada. Un vacío pequeño por el que todavía pueda pasar el aire. También las obras necesitan ese espacio.
Cada pieza en esta exposición nace en el momento en que volvemos a prestarle atención a algo vivido. Ese volver no significa regresar al mismo lugar. Cada presente incorpora otra mirada, otras preguntas. Así, aquello que persiste entra en contacto con experiencias posteriores y continúa produciendo sentidos. La memoria afectiva no busca apresar el tiempo. Se acerca a sus movimientos, a las marcas que deja sobre los cuerpos, los paisajes, las imágenes y las cosas. Es una de las formas en que el tiempo continúa actuando en nosotros. Porque el tiempo no pasa simplemente. Rozando las cosas, las modifica. También nosotros cambiamos cada vez que volvemos a mirarlas. Quizá por eso ciertas imágenes insisten. No para devolvernos lo que fue, sino para abrir una relación que todavía no había encontrado su forma. El Tiempo no soporta que lo marquen. Pero nunca deja de dejar marcas.
Ana Larrère y Gelen Marquez Silva
La exposición se podrá recorrer desde el Viernes 16 de octubre a las 18:00 hs hasta el 28 de febrero de 2027, en el tercer piso de la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985, CABA.
Horarios de visita: De miércoles a domingos de 15 a 20hs
Entrada libre y gratuita