Riobamba 985
La Casa Nacional del Bicentenario presenta FELIPE PINO. Escenas de la vida cotidiana, con 40 pinturas, en formato pequeño, producciones inéditas y recientes del artista argentino.
TEXTO DE SALA
¿Quién osó pensar que la pintura de caballete había llegado a su fin? Ya en 1830, con el daguerrotipo, sentenciaron su muerte; pero la fotografía, lejos de ser su verdugo, fue su liberación. Desde entonces, la "contemporaneidad" insiste con una periodicidad casi funeraria en enterrar la disciplina, quizás por esa necesidad conceptual de matar al oponente para sobrevivir. Pero la pintura es una oponente inmortal: sobrevive desde Altamira porque artistas como Felipe Pino dan la batalla diaria en el taller.
Conozco a Felipe hace años y he tenido el honor —y el atrevimiento— de hurgar en sus espacios, de bucear en su pasado y su presente. Entrar a su taller es asomarse a una intimidad donde el olor a pigmento manda y la charla se vuelve el bastidor de su historia. El relato de Felipe es como su obra: simple, concreto y profundamente reflexivo, pero sostenido por una ironía sutil y un sarcasmo que no perdona. Habla de sus personajes con una carga emotiva que revela el "porqué" y el "para qué" de cada pincelada, siguiendo a rajatabla las técnicas actorales de Stanislavski. En su diálogo, los personajes saltan del lienzo al escenario, actuando en una secuencia magnífica donde el color y la forma que Pino derrama lo consagran como el gran director de escena.
Recorrer esta muestra no es solo mirar cuadros; es asistir a una función donde las realidades fluyen sin necesidad de lo explícito. Lo subjetivo y lo irónico nos obligan a identificarnos —o a delatarnos— en nuestra propia condición humana. Ver la obra de Pino es un acto de lectura profunda: bajo esa aparente sencillez se esconde un dardo directo al espectador. Pino no te invita a mirar; te emplaza a reflexionar sobre los absurdos de la vida.
"Escenas de la vida cotidiana" es el título perfecto. Funciona como una analogía necesaria a las "Escenas de la vida conyugal" de Ingmar Bergman: allí donde el drama y el humor confrontan al espectador con sus propias miserias y grandezas. La pasión y el compromiso son el motor de su proceso creativo; a ellos, Pino suma la sensibilidad y un deseo incontenible de expresión. El resultado es una vibración que emana de cada tela. Debemos aprender a ver, detenernos ante la imagen y dejarnos atravesar por esa energía que irradia la pincelada de Pino, un artista que confirma que la “pintura no ha muerto”
Alejandro Sasha Dávila
La exposición se podrá visitar desde el jueves 14 de mayo a las 18hs hasta el 28 de junio en el microespacio de la planta baja de la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985, CABA.
Horarios de visita: miércoles a domingos de 15 a 20hs.
Entrada libre y gratuita.