Constitución
Del Valle Iberlucea 1140
CABA
En 1775 llegó a Buenos Aires un enviado de la corona española para acordar con las autoridades residentes los detalles de la creación del Virreinato del Río de la Plata. Como tantos viajeros, su salud durante el viaje se había resentido y al desembarcar, quienes lo recibieron, notaron que lo atacaban unas fiebres intermitentes que lo hacían explayarse sobre temas libidinosos y un inoportuno priapismo que dejaba en evidencia el miembro desmesurado en su porte, tanto que ni los faldones de su chaqueta podía disimularlo. Estos delirios febriles aparecían en los momentos menos oportunos, porque su actividad protocolar era continua, y su calenturienta verba lo hacía un personaje incómodo, máxime cuando su rango social era el más elevado y, por tanto, inmune a cualquier tipo de condena. A esas rarezas se le había sumado su negativa a hablar con nadie que no fuese del sexo opuesto y en términos lujuriosos.
Un alma piadosa a cargo de las imposiciones reales, temiendo el contagio del mal que aquejaba al noble representante de su Majestad, lo envió al poblado de Las Conchas. Se escogió este antro de contrabandistas al norte de la ciudad, porque debido a las costumbres más relajadas de sus habitantes pertenecientes a la más baja estofa, nadie se sentiría ofendido por las peculiaridades del huésped. El plan era dejarlo allí hasta su restablecimiento, mientras se rezaban misas en Buenos Aires por su pronta recuperación. Se dispuso que dos veces a la semana fuese un correo a recoger papeles con su sello y su firma. En Las Conchas lo alojaron en una barraca, el lugar menos ruinoso del poblado y lo dejaron ir y venir a sus anchas. Varios días después, cuando ya todas las mujeres del caserío habían accedido curiosas a sus galanterías, estas quedaron empalagadas de sus escarceos amorosos y quisieron volver a la monotonía de la vida. En el caserío no había para con el enviado del rey las consideraciones que en Buenos Aires velaban por su seguridad. Ya se había hecho acreedor de varios coscorrones cada vez que frente a unas faldas su boca se abría, o su florete impúdico se insinuaba. Las reprimendas de las mujeres fastidiadas y la de algunos varones que envidiaban sus atributos, iban aumentando su intensidad. Para salvaguardar la integridad física del noble caballero, el capellán que se había encargado de recibirlo decidió encerrarlo en la barraca.
Fragmento del texto crítico de Alanís Robles Pito
La muestra se podrá visitar hasta el 21 de febrero en Constitución galería, Del Valle Iberlucea 1140, CABA
Horarios de visita: Miércoles a viernes de 15.30 a 19 h
Sábados de 15 a 20 h
Entrada libre y gratuita