22 julio 2018

Nota publicada online

miércoles 11 de abril, 2018
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LEER en el río
Fiesta de la literatura en San Isidro

La palabra escrita y oral confluyeron para pensar entre escritores, editores, libreros y lectores, al libro en torno de la idea del futuro.

Otra vez la lluvia. Otra vez la misma respuesta: auditorio colmado, gente circulando por una marea de editoriales, chicas y grandes, escritores, editores y dos músicos, Fito Páez y Julieta Venegas, que reflexionaron sobre el libro, su hacer y su futuro. También adolescentes en talleres de fanzines y chicos fascinados con abuelos narradores. Se realizó el 7 y 8 de abril, desde el mediodía, en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro. y fue una fiesta, de la A a la Z.

Un nuevo lector
Foto Carlos Furman

“Esta feria gratuita ya es un bien social de la comunidad, favorecerá a editores y escritores, y también a los vecinos, desde los que leen literatura hasta los que por primera vez se acercan a estos géneros. Felices por la convocatoria de público y de los renombrados escritores y editores que nos acompañaron”, expresó anoche el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, en el Centro Municipal de Exposiciones, Del Barco Centenera y el rio, sede del encuentro.

“Habría que escribir para que nuestras palabras sean mejores que el silencio”, desafió Liliana Heker en su master class. La otra, el sábado, tuvo al frente a Martín Kohan en un auditorio devenido el fin de semana en una especie de laboratorio de ideas, con mesas redondas en las que se habló de Sarmiento y Aira, del futuro como ese territorio incierto, de desvíos, de covers y del Martín Fierro, de literatura contemporánea, tradiciones y ciencia ficción.

Liliana Heker
Foto Carlos Furman

Agustina Bazterrica ubicó al germen de su novela, Cadáver exquisito, en las charlas con su hermano, chef de comida orgánica, y Horacio Convertini identificó al enemigo ficcional del presente, que ya no es el marciano de los años 40. “Hoy somos nosotros, el diferente, el que está afuera del sistema, los zombies del siglo XXI”, expresó el autor de Los que duermen en el polvo.

“Esto no fue un shopping. Fue una feria que generó conocimiento y redes, promovió la circulación y venta de libros, y ya empezó a convertirse en una casa simbólica para el sector editorial. San Isidro es hoy un modelo de gestión respecto de la sinergia entre lo público y lo privado, y por este festival literario, el único del país de esta magnitud organizado por un gobierno”, aseguró Eleonora Jaureguiberry, subsecretaria general de Cultura de San Isidro, quien pensó y desarrolló la feria, en cuatro intensos años de trabajo, junto con el librero Fernando Pérez Morales, dueño de la editorial Notanpüan.

Eleonora Jaureguiberry subsecretaria de Cultura

Un público que recorrió con avidez los stands, se fotografió con sus autores preferidos, y se instaló en las dos carpas del parque, la de los Abuelos de Cuentos, que magnetizaron a cuanto chico (muchísimos) pasaba por ahí con la narración de "El pueblo que no quería ser gris", que terminaba dándole color a un gran mural colectivo, y la de Novela Gráfica, para adolescentes, con fanzines y un agitado taller de armado de monstruos.

Patio de comidas, boleros, jazz y más ritmos en vivo, editoriales grandes y pequeñas que actuaron con enorme generosidad para derivar de un stand a otro a los lectores según sus gustos. Pequeñas, como Barba de Abeja, de La Plata, dedicada a la traducción de prosa y poesía de libros artesanales. “La colección Fetiche incluye un libro con semillas de hortalizas -aseguró Erik Schierloh, dueño, traductor, encuadernador e ilustrador de la editorial-. Siento placer en esto, es devolverle al libro su condición de artesanal, de lo cosido a mano y la belleza de lo único”.

Foto Carlos Furman

Fito Páez y Julieta Venegas, en el panel “Yo veo al futuro repetir el pasado”: los tiempos de la moda retro, convocaron a más de 700 espectadores. Stravinsky anduvo dando vueltas en varias citas del rosarino, que reivindicó los conciertos como una especie de ceremonia tribal. “La obra sólo se completa con el canto y el corazón del otro”, aseguró Páez, que cantó a capella Yo vengo a ofrecer mi corazón y no dudó en sostenerle el micrófono a Julieta, guitarra en mano, para que cante El rey, de José Alfredo Jiménez.

“Está bueno platicar sobre literatura, crear espacios, que los libros se muevan, me encanta ser parte. Anduve husmeando, me llevé un par de libros de teatro, de Entropía, y ya voy a Waldhuter por uno de William T. Vollmann, La familia real, enorme, genial y que no había visto en otros lados”, sostuvo la mejicana.

“Es increíble haber encontrado en el Estado y en Eleonora Jaureguiberry la compañía y el apoyo necesario para generar juntos esta fiesta, tal como soñamos y creemos que debe ser una feria literaria”, expresó Pérez Morales pasadas las 19, cerca del cierre, que encontró a los diez finalistas de la XI edición del Premio Municipal de Literatura Manuel Mujica Láinez en el escenario y con la antología que reúne sus cuentos, editada por segundo año consecutivo por Notanpüan y con un exquisito prólogo de María Moreno.

Un certamen internacional cuya última edición recibió 1.800 originales y fue ganada por Joana D´Alessio, y que en todos estos años publicó a más de cien autores, se consolidó como uno de los premios centrales del país en este género y representa un merecido homenaje a Manucho y a la enorme tradición cuentística argentina en la palabra de las voces nuevas y emergentes.

ESCRITORES, EDITORES Y MÚSICOS QUE PARTICIPARON

Martín Kohan, Liliana Heker, Martín Blasco, Sofía Olguín, Inés Garland, Martín Sancia Kawamichi, Oscar Fariña, Débora Mundani y Héctor Guyot. También se presentaron Ignacio Iraola, Matilde Sánchez, Michel Nieva, Víctor Malumián, Horacio Convertini, Felipe Castagnet, Agustina Bazterrica, Fito Páez y Julieta Venegas. Las mesas fueron moderadas por Fernando Pérez Morales, Macarena Moraña, Damián Blas Vives y Leandro Donozo.