18 agosto 2018

Nota publicada online

miércoles 16 de mayo, 2018
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José Fioravanti
el regreso de un genio olvidado

El Museo de Arte Tigre y la Casa Museo Magda Frank presentan la primera muestra en 40 años del gran escultor argentino que la crítica europea colocó al mismo nivel que Rodin y Bourdelle.

Sábado 28 de abril, 15.00hs

"Entre lo épico y un sueño" recupera la figura de José Fioravanti, uno de los mayores escultores argentinos, cuya obra permaneció perdida y abandonada durante casi 40 años, desde su muerte en 1977. Un verdadero rescate de un gran artista olvidado, autor de creaciones icónicas como el Monumento a Roque Sáenz Peña (Diagonal Norte y Florida) y el Monumento a la Bandera, emplazado en las barrancas del Río Paraná (Rosario).

La exhibición, organizada por el M.A.T., dirigido por María José Herrera, y la Casa Museo Magda Frank, que dirige Tulio Andreussi Guzmán, está compuesta por magníficas esculturas de gran tamaño, fotografías de época, dibujos, bocetos, material de archivo y piezas escultóricas para algunos de los monumentos que el artista esculpió.

Sobre el artista

José Fioravanti nació en Buenos Aires en 1896. Escultor autodidacta, a los 12 años comenzó a esculpir y cuatro años más tarde expuso por primera vez en el II Salón Nacional. En 1919 obtuvo el Primer Premio en ese consagratorio certamen y en 1924 viajó a Europa donde expuso en el Museo de Arte Moderno de Madrid y en el de Luxemburgo en París. Ambos museos adquirieron obra suya. Regresó a la Argentina en 1927 donde también realizó dos exposiciones individuales.

En 1929 viajó por segunda vez a Europa, estableció su taller en París y realizó una exposición consagratoria en el Museo Jeu de Paume, al cuidado de Rose Valland, historiadora del arte considerada heroína nacional por haber salvado el patrimonio artístico francés del expolio alemán durante la ocupación. El honor de exponer en vida en ese espacio fue otorgado sólo a cuatro  escultores: Rodin, Mestrovich Bourdelle y Fioravanti

Esa muestra le ganó fama internacional y el célebre historiador de arte André Dezarrois, quien fue curador de los museos de Luxembourg, Jeu de Paume y l´Orangerie des Tuileries, expresó en aquella época: “Nos preguntamos si José Fioravanti no ha sido el primero que, súbitamente, ha dado a la escultura argentina su lugar en la historia del arte de este siglo”.

Por su parte, Leopoldo Marechal, gran amigo suyo, cuenta detalles de su estada en París: “Recuerdo las primeras batallas de Fioravanti, en el galpón de la rue Vercingetorix, cuando entre un redoblar de martillos y una dulzura de canciones latinas, asomaban en la roca los dos pastores del Monumento a Martínez de Hoz. Y recuerdo las otras, en el estudio de la Tombe-Issoire, cuando al esculpir las enormes figuras de sus monumentos, Fioravanti sostenía con la piedra un diálogo terrible, y más que un diálogo, una discusión porfiada, en la cual el artista y la materia eran contendores y la luz actuaba como juez”.

En 1935 se instaló en Buenos Aires y 1937 obtuvo el Gran Premio del Salón Nacional con Mujer con libro, un retrato de su esposa, la pintora rusa Ludmilla Feodorovna. Tras el reconocimiento mundial, en 1935 se instaló en Buenos Aires y en 1937 obtuvo el Gran Premio del Salón Nacional con Mujer con libro, un retrato de su esposa rusa, Ludmila. A partir de entonces, se le encargaron los más importantes monumentos de su época: de Nicolás Avellaneda, Simón Bolívar, Roque Sáenz Peña, Franklin D. Roosevelt, Rubén Darío, el Monumento a la Bandera de Rosario, entre otros.

José Fioravanti falleció en 1977 y su taller quedó abandonado. Se inició entonces una historia trágica para la obra que encerraban esas paredes. Sin nadie que cuidara y protegiera ese tesoro artístico a la deriva, las monumentales esculturas en yeso, que fueron los trabajos previos para la ejecución de los monumentos quedaron olvidadas y maltrechas, soportando los embates del tiempo. Debieron transcurrir casi cuarenta años hasta que, en 2015, Tulio Andreussi Guzmán, director de la casa museo Magda Frank (escultora húngaro-franco-argentina sobreviviente del nazismo y del comunismo, considerada una de las grandes artistas de la segunda mitad del siglo XX.), logró rescatar ese patrimonio escultórico de inestimable valor que enriquece el acervo cultural del país.

La obra de un gigante

Verónica Tejeiro, curadora de la muestra, escribe en el texto curatorial:  “La figura de José Fioravanti se destaca como uno de los escultores locales con mayor cantidad de monumentos emplazados en lugares públicos. Como retratista deja testimonio de la fisonomía de los próceres protagonistas de sus monumentos conmemorativos: Manuel Belgrano, Nicolás Avellaneda, Roque Sáenz Peña, Simón Bolívar. Desarrolla con expresiva destreza en sus relieves narrativos las alegorías, los ideales que estos próceres encarnan: fraternidad, elocuencia, historia, nación”. Y agrega, respecto a su estilo: “Fioravanti explora las formas, mezcla texturas, trabaja bloques de piedra mediante la talla directa o modela la arcilla y pasa al bronce. Su importante y amplia producción -piezas en yeso, mármol, piedra, bronce- transita la escultura de bulto y el relieve. La obra de Fioravanti está vinculada a la renovación de la representación figurativa, en la que una figura humana contundente, se muestra con un lenguaje moderno, no obstante ligado a la tradición”.

En 1939 la Comisión Nacional del Monumento a la Bandera realizó un llamado a concurso, en el que obtiene el Primer Premio el proyecto presentado por los arquitectos Alejandro Bustillo y Ángel F. Guido y los escultores Alfredo Bigatti y José Fioravanti.

“La obra en su conjunto simboliza la nave de la Patria surcando las aguas del Mar de la Eternidad en procura de un destino glorioso -escribe Tejeiro- El monumento conmemora los valores económicos, espirituales, históricos, geográficos y telúricos de nuestra nación.

“La Patria de la Fraternidad y el Amor, emplazada en un nicho del monumento es una figura femenina en bronce de formas macizas y actitud serena. Como se observa en el yeso que presentamos, sus brazos están abiertos, una larga capa cubre su espalda y lleva una corona de laureles en la cabeza. Fioravanti muestra una Patria serena y segura que él vislumbra alcanzará sus altos ideales. La historia de la Argentina está narrada en sus obras monumentales, elocuentes testimonios de una época de gran épica nacional."

 

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