20 enero 2018

Nota publicada online

lunes 9 de mayo, 2016
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Chiachio & Giannone en Pasaje 17
Monobordado
por Delfina Helguera

El dúo de artistas exhiben una selección de obras que produjeron entre los años 2013 y 2015 en Pasaje 17, un espacio de exhibición de arte contemporáneo que pertenece a APOC (Asociación del Personal de los Organismos de control) 

Pasaje 17 es un espacio de exhibición de arte contemporáneo que pertenece a APOC (Asociación del Personal de los Organismos de control) sobre la calle Bartolomé Mitre muy cerca del Congreso y a metros de la Iglesia de la Piedad, en donde la ciudad se convierte en un caos de tránsito. El pasaje de la Piedad queda justo al lado, es un remanso inesperado en donde viven el dúo de artistas formado por Leo Chiachio y Daniel Giannone que ahora exhiben una selección de obras que produjeron entre los años 2013 y 2015. Desde adentro el gran ventanal muestra el frenesí de la calle, pasan unos manifestantes, suenan las bocinas y sigue entrando gente a ver la exhibición.

La idea central de la exhibición es mostrar el trabajo en sí, recuperar la idea del trabajo manual, lo que lleva tiempo y se hace con las manos y lo hacen a través del bordado. Ellos se definen pintores, pintores que les interesa traducir al bordado el lenguaje pictórico.

En los trabajos de Chiachio & Giannone hay una serie de cuestiones a tener en cuenta: el trabajo es totalmente conjunto, no hay espacios para diferenciar quién hace qué; la técnica es de un dominio increíble del bordado en piezas que no se pueden categorizar porque también tienen estampas y otras técnicas y por último, las obras son todas autorreferenciales.

Recorremos el espacio y vemos autorretratos, pero son los retratos de una familia:  ellos y Piolín, el perro salchicha que nos mira desde los brazos de Daniel o Leo, o sentado en una silla que parece un trono. Un retrato de la familia típica occidental que nada tiene de típico, y a los que ahora se unieron la perra Chicha y la Dorado que es la hija de ambos y Doménico, el gato gris. A las mascotas les dedicaron un altarcito a modo de agradecimiento en donde hay regalos envueltos con moños y las bombitas de luz son de crochet.

La mejor definición la dan ellos: “Somos medio barrocos” y ¡vaya si lo son! En la utilización de ciertos recursos como el exceso, el miedo al vacío y, por supuesto, el uso del ornamento. La elección de la técnica no es casual, desde siempre la división entre las bellas artes y las artes aplicadas o decorativas dejaron a estas últimas en una situación de inferioridad, y ellos prefieren pertenecer a “la clase b del arte contemporáneo” en sus propias palabras, en donde el camino es más escarpado y los desafíos son mayores porque rompen paradigmas muy instalados.

El tapiz central está inspirado en una experiencia que tuvieron al ver una exhibición de empapelados del siglo XVIII en el Petit Palais en Paris, y deciden entonces bordar un tapiz en la tradición europea, algo que lleva tiempo, mucho tiempo y que al final se llamará “Selva blanca” y es presentada en la última Bienal Textil de Holanda en el  2015. El tapiz sintetiza su manera de trabajar: los elementos exóticos que incorporan y relacionan en el plano, el autorretrato familiar aunque ellos sean monos que juegan en lianas y Piolín esté en el centro, y aquello que les llama la atención con un enfasis en lo popular latinoamericano. Tampoco faltan las referencias a la historia del arte, sobre todo el homenaje a Sonia Delaunay en bordados geométricos que se mezclan con papagayos y hojas selváticas. Esta mezcla caprichosa que al final resulta y  encandila con un repertorio de lo más variado. Exhiben también otro tapiz, “Selva enjoyada” en donde han estampado sus propias imágenes y bordado sobre ellas creando capas visuales superpuestas, en un juego de improvisación constante. En ambos casos hay pequeñas obras que apoyan y se derraman en el piso como una ofrenda jugando con esas tradiciones de la imaginería popular.

El resto de las obras exhibidas son una síntesis de lo que han venido trabajando en estos últimos años, la obra terminada pero también el proceso. Están los diagramas de las obras con los hilos y las referencias que son la memoria de cada obra, la fotografía de registro en donde vemos el reverso de la obra, los dibujos en donde el visitante puede darse cuenta del proceso de producción. Hay solamente una pieza que pertenece a una serie en donde trabajaron la porcelana en una residencia en la provincia de Santa Fe. Es el peluche de Piolín que cuelga en una hamaca, fruto de sus experimentos con los hornos de la fábrica Verbano, en donde el peluche era sumergido en la mezcla para la porcelana y luego introducido en el horno a altísima temperatura.

“Nosotros somos los mismos y también somos otros, como también nuestros temas” esos mismos intereses que se repiten en el transcurrir del tiempo dan nombre a la exposición “Monobordado”. La muestra se enriquece con un libro dedicado a los artistas editado por Pasaje 17 en un formato ideal para poder leerlo en cualquier lado.

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