24 junio 2017
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Gabriel Chaile

Patricia
11/03/2017 - 18/06/2017

Esta es la primera gran exposición en un museo del joven artista tucumano (n. San Miguel de Tucumán, 1985) y fue diseñada para la Sala de Proyectos Especiales del Moderno. Allí se exhiben una escultura, una instalación y una escritura ilegible, tres obras que se relacionan con necesidades básicas como la alimentación, la vivienda y el trabajo.

En estas obras, Chaile realiza una operación semejante al sincretismo¨, escribe Laura Hakel, curadora de la exposición. ¨Combina objetos, materiales y métodos constructivos vinculados a oficios manuales y a la producción en pequeña escala del hábitat y del alimento. Toma elementos austeros y populares cargados de valor y significados simbólicos por su continuidad en el tiempo y sus usos sociales”, agrega.

Patricia, la escultura que le da nombre a la exposición, es una diosa-horno de adobe que se ubica en el centro de la sala. En ella, Chaile relaciona una figura materna, una cerámica antropomorfa de la cultura candelaria de Tucumán y un horno de barro para hacer pan, todos elementos vinculados a la fertilidad, a la historia del arte y al alimento que tal como escribe la curadora, “imagina como los componentes para una nueva alegoría de la Patria”. Por otro lado, al fondo de la sala, se encuentra la instalaciónLos jóvenes olvidaron sus canciones,un entrepiso de madera realizado como un obrador de construcción con un colchón: una cama-encofrado que relaciona la precariedad de los materiales con la necesidad de un espacio habitacional. Por último,Forma y Razónhace referencia a la trasmisión de los saberes por medio de los oficios. Se trata de una escritura cuneiforme diseñada sobre las líneas de polvo de ladrillo de una chocla de albañil. En la obra, Chaile imagina un lenguaje ilegible para la trasmisión de un oficio que se aprende en la práctica: un código compartido por una comunidad de trabajo. Como explica el artista,”tiene que ver con construir un código interno pero también con la imposibilidad de que el otro participe de ese código, con dejarlo afuera. Me interesa pensarnos como analfabetos frente a las formas y las posibilidades interpretativas que eso habilita: empezar sin distinción desde la base”. 

En esta exposición, Chaile convierte un horno de barro en una figura devocional, un encofrado de construcción en un lugar para dormir y las marcas de trabajo de un albañil en un lenguaje. Laura Hakel sostiene: “Utiliza métodos productivos y materialidades de fácil acceso, como el adobe y el ladrillo, que subsisten en paralelo al progreso y que se vuelven presentes en situaciones de marginalidad. Toma estos elementos y los transforma en figuras simbólicas que custodian a la sociedad”.

En palabras del artista: ”Las piezas de esta exposición tienen elementos primitivos o evocan situaciones austeras y muy simples al mismo tiempo, como una amalgama de diversas fuentes que devinieron en una sola forma.” Y continúa:“Intento que las obras visualmente generen una imagen que sólo se pueda decodificar a través de lo que vemos, no tanto de los que sabemos o podemos leer. Es un guiño para entrar desde otro lugar más lejano a la información enciclopédica, que el espectador apele a su propia enciclopedia empírica. En ese sentido, pensé las obras de la exposición como silenciosas. No me opongo a lo racional pero me interesa poner en pausa  la forma en la que la razón te hace acercarte a las cosas, esa batalla ganada de la razón.”

Gabriel Chaile nació en San Miguel de Tucumán, ciudad en la que vivió hasta 2009, cuando se mudó a Buenos Aires para continuar su carrera de artista. “Tucumán es densa en sus formas y en su historia, desde la resistencia de los indios Quilmes en la Conquista, hasta la del cierre de los ingenios de azúcar en los años ’70”, describe. Su familia, el desplazamiento y la densidad que acarrean los objetos y los materiales a través del tiempo son hilos conductores que atraviesan sus obras desde esos primeros años.

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