22 julio 2018
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Alejandro Puente: Unku


11/07/2018 - 22/08/2018

Henrique Faria Buenos Aires presenta Unku, una muestra que reúne un conjunto de obras con las que Alejandro Puente puso de manifiesto una relectura de los patrones del arte prehispánico para, en el contexto del arte moderno, desmontar los presupuestos sobre su primitivismo. Este grupo de piezas de Puente cubren un período que va de 1969 a 2000 y revela una línea de investigación constante sobre los materiales y formas constructivas del arte originario de América Latina. En Unku, que toma su nombre de una pieza emblemática de 1973, se observa en acción el concepto de Puente: plantear un desvío al canon occidental de la historia del arte.
La relación de Puente con la estética prehispánica se inició en los tempranos años 60 cuando tuvo un acercamiento directo con el amplio repertorio del arte indígena peruano. Entre la contemplación y la incertidumbre, Puente refirió una “experiencia estética profundamente estimulante” ante una serie de objetos cuya dimensión simbólica desconocía hasta entonces. En estas apropiaciones de los patrones visuales amerindios Puente anticipó el actual giro decolonial de los historiadores de arte.

La preocupación de Puente por el arte prehispánico coincidió con la expansión de los estudios arqueológicos en la región. En el texto crítico de la muestra, Cristobal Jácome-Moreno (Universidad de Texas, Austin) refiere que “Tales avances tuvieron como trasfondo acuerdos económicos trasnacionales y un activo intercambio de conocimientos entre especialistas ubicados en distintas latitudes del mundo occidental. Historiadores del arte como George Kubler y arqueólogos como Robert Heizer formaron extensos equipos de trabajo con el fin de localizar monumentos antiguos que comprobaran nuevas hipótesis acerca de las auténticas culturas madre de la sociedad contemporánea”. Las obras de Puente pueden verse como consecuencia de ese contexto histórico-científico al tiempo que cuestionan el objetivo de los descubrimientos en los sitios arqueológicos. Jácome-Moreno plantea que “Partiendo de distintos soportes artísticos, Puente introdujo la pregunta sobre cómo el potencial del arte nativo podía resurgir en una época marcada significativamente por las fuerzas de sofisticadas tecnologías de construcción, transportación a alta velocidad, expansión urbana y una alta especulación en torno al uso y propiedad del patrimonio”.
En obras como Uncu (1973), Pachacutec (1979) o Yayahuala (1978), Puente despliega los códigos reticulares presentes en diversas manifestaciones del arte indígena como los textiles, los objetos cerámicos o la arquitectura. Tanto las pinturas de Puente como los monumentos prehispánicos parten de una misma estructura geométrica pero eso no lo convierte en un esteticista de lo arcaico. Como señala Jácome-Moreno: “Puente elabora una dimensión pictórica en la cual la herramienta para dialogar con el presente contemporáneo son las profundas raíces históricas. Tal práctica simbólica ubica a Puente entre los artistas latinoamericanos que se asumieron como autores de una noción expansiva de la historia: los espacios y objetos del pasado no son parte de un momento estático. Todo lo opuesto: son un instrumento con la capacidad de enriquecer y problematizar nuestra percepción del presente”. Con este conjunto de obras, Alejandro Puente dejó claro que ningún arte que aspire a perdurar en el futuro puede ser ajeno a sus raíces. Exhibirlas es para Henrique Faria un compromiso con el arte latinoamericano de punta.

Sobre el artista

Alejandro Puente (La Plata, 1933–Buenos Aires, 2013) estudió Teoría de la Visión con Héctor Cartier. Participó en el Grupo Sí de La Plata con pinturas de carácter gestual. Pronto reorientó su poética hacia la geometría sensible y, en 1967, presentó estructuras primarias en el marco de la Semana de Arte Avanzado, organizada por el Instituto Torcuato Di Tella. Obtuvo la Beca Guggenheim, se integró a los círculos de la vanguardia neoyorquina y participó en Information (The Museum of Modern Art, Nueva York, 1970). Tras elaborar una propuesta plástica vinculada a la cosmovisión prehispánica, desde 1971 continuó trabajando en la Argentina. En 1985 fue parte del envío a la 18ª Bienal de São Paulo, Brasil. En este período ejerció la docencia en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova. Obtuvo numerosos reconocimientos, entre los últimos: el Primer Premio Salón Telecom Argentina (1995), el Primer Premio Salón Banco de la Provincia de Buenos Aires (1999), el Gran Premio Salón Nacional de Pintura (2001), el Premio Konex (2002), el Premio Arlequín de Oro, Fundación Pettoruti (2002) y el Premio Rosario, Fundación Castagnino (2003). En el año 2007 realizó el mural “Homenaje al artista artesano” en el Museo de Arte Popular José Hernández. Fue declarado “Ciudadano Ilustre de la Provincia de Buenos Aires” (2008), Académico de Número en la Academia Nacional de Bellas Artes, curador del proyecto “Ojo al País” y miembro del Consejo Asesor del Museo Nacional de Bellas Artes. En homenaje a su labor docente entre marzo y mayo de 2014, el Museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova organizó la exposición Alejandro Puente. Huellas sensibles, bajo la curaduría de Cristina Rossi. El Espacio de Arte de Fundación OSDE presentó entre mayo y julio de 2015 la muestra Alejandro Puente. Abstracción y tradición americana, comisariada por Mariana Marchesi.
Su obra está representada en importantes colecciones como Metropolitan Museum of Art (Nueva York), Museum of Modern Art (Nueva York), Dallas Museum of Art, Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires), Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), entre otras.

  • Angualasto, 1983.
    Acrílico sobre tela. 150 x 150 cm
  • Uculla, 2000.
    Acrílico sobre tela. 163 x 249 cm
  • Luan, 1994.
    Acrílico sobre tela. 80 x 100 cm
  • Angualasto, 1983.
  • Uculla, 2000.
  • Luan, 1994.

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