Mi practica trabaja el paisaje como medio y no como género. Empiezo con trabajo de campo: grabo sonidos, escribo, registro el lugar. Con ese material construyo escenarios donde investigo el infinito y el horizonte inalcanzable.
Horizontes inalcanzables son doce piezas, cada una compuesta por seis hojas superpuestas y suspendidas de papel tengujo de 5 gramos, impresas con dibujos olvidados de un viaje a las Islas Malvinas e intervenidas con carbonilla, grafito y marcadores al agua.
La obra responde al aire: al aire cálido que asciende y al que el espectador desplaza al recorrer la sala. Las hojas se mueven, las capas se desalinean, y cuando la mirada intenta fijar la imagen, la imagen se escapa. El horizonte es visible pero inexistente.