Me interesa explorar ese instante en el que una imagen deja de ser solamente aquello que representa y comienza a activar emociones, recuerdos y preguntas. La belleza aparece entonces como una percepción subjetiva: una forma de relacionarnos con el mundo y, al mismo tiempo, de interrogarnos sobre nuestra propia existencia. En esta obra en particular, trabajo con carbonilla y pasteles sobre un soporte fotográfico. Al intervenir la fotografía, altero su condición de registro y abro una tensión entre lo real y lo imaginado, entre aquello que la cámara captura y lo que el gesto transforma. Las capas, las marcas y la materia modifican la imagen inicial.