Notas Artistas

Critica
por Julio Sánchez

Redonda y 56 años que parecen menos, asegura que la oportunidad Mary Kay es bárbara porque antes de esto, ella se pasaba el día encerrada en un taller de costura, doce mujeres con ruido de máquinas de coser, el cutis seco y las manos torturadas. L.G.
A la edad de cuarenta y dos años y siete meses, vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramó como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho. No ardía, sólo era caliente, del mismo modo en que calienta el sol todo aquello sobre lo que pone sus rayos.
H. von B.

......................................
Qué intriga, qué placer y qué desconcierto produce la vida de los seres humanos. Qué misteriosa caja de Pandora es el citadino hombre que transita por la calle un día de calor, y qué portentos habrá escrito Alcuino en su perdida Vida de Carlomagno, de aquel gigante de 1,93 que logró unificar Europa hacia el año 800. La biografía es un género literario que sigue apasionando a sus lectores, no importa si es una vendedora de productos de belleza entrevistada por la periodista Leila Guerriero (en su libro Frutos Extraños, 2009), o la autobiografía de la mística alemana Hildegard von Bingen (en su obra Scivia, siglo XII). No importa si nos cuentan un día de trabajo o una experiencia de unión con Dios, todo lo que le pasa al otro nos sucede, nos sucedió o nos puede suceder a todos nosotros. En pintura el género equivalente es el retrato y todas sus variaciones: colectivo, de aparato, el autorretrato, el desnudo, etcétera.
Daniel Romano tiene un interés intenso en el ser humano y por eso lo pinta una y otra vez. En cada una de sus obras hay hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos. Seguramente cada cuadro partió de un ser individual, concreto, tangible y visible; luego el artista tamizó las señas particulares dentro de sus propias vivencias, desterró los detalles fotográficos, y se deleitó con el movimiento sutil del pincel, el empaste discreto del acrílico y la modulación intensa del color.
¿Qué tienen en común los personajes de Daniel Romano? El artista prefiere la fórmula de figura y fondo, pero sin cargar demasiado sobre uno o sobre otro. Todo es discreto. A veces el telón que ampara a sus actores es neutro, apenas se insinúan líneas que refieren a un zócalo, a una silla o a un damero. No le interesa la precisión sino la impresión. Casi todos, por no decir todos, miran directamente al espectador. En los retratos barrocos los personajes estaban absortos en el drama y de repente, casi oculto, había uno que se salía de escena y nos interpelaba con su mirada. Nada de eso sucede en las pinturas de Daniel, la interpelación es total, hay un único protagonista que nos mira todo el tiempo, sin piedad, sin distracción. Si alguno de ellos cobrara vida, cual personaje de Pirandello en busca de autor, seguramente estrecharía nuestra mano mirando a los ojos, franco, directo. Muchos están parados, otros están sentados, nadie está implicado en una acción específica. La ropa es cotidiana, poco glamour pero nada de negligencia hogareña. Qué hacen ellos, es la gran pregunta. Parecen posar, parados, de frente, con la única misión de ser retratados. La acción (o la casi no-acción, como el wu-wei de los chinos) implica dos personas, el que pinta y el que es pintado. Una vez salido del taller, el cuadro carece de pintor y requiere un espectador, un interlocutor que pueda devolverle la mirada a la mujer de saquito violeta, al hombre de pantalón verde o incluso al grupito con lentes 3D. Quizá la pasión por la biografía o por el retrato pase por aquí, por la profunda necesidad del ser humano de comunicarse con otros, por una ausencia que necesita ser completada. En cada una de estas pinturas, hay hombres y mujeres, niños y ancianos sobre los cuales se pueden tejer mil historias, pero Daniel ha detectado en todos ellos (en todos nosotros) esa necesidad de completar la ausencia.
Julio Sánchez
.....................................................................
H von B
es Hildegard von Bingen
L. G.
es Leila Guerriero