“Mas se esfuma la frontera entre el arte y la vida, más el arte asume los valores del juego existencial”
Pierre Restany
La despótica consecuencia de nuestros errores en el camino del crecimiento, ha encontrado progresivamente un anticuerpo funcional para su reparación en el arte. Esta actividad que el hombre ha desarrollado con sutil dedicación, presenta continuamente en diferentes latitudes características singulares que acercan con armoniosa articulación a las diferentes culturas que las produce. Jorge Canale con adecuada paleta enciende un trasfondo de tristeza arcaica donde los diluidos jirones de una floresta marchita descienden con una savia transparente que ha perdido su intensidad tonal. La rígida presencia que obstruye el entramado natural que lo vital contiene, se alcanza en los moldes agobiantes que instruyen los carteles rectilíneos con instancias numeradas para recordarnos la deshumanizada tendencia a la clasificación anónima. La oposición es furiosa señalando el malentendido con claridad, produciendo entonces un deseo de equilibrio que armonice el equivocado trabajo que el hombre ha derramado. No es la ansiosa necedad lo que ha quedado a mano de la obra, un deseo de mirar el cuadro es el postulado que la construcción induce, desplazando la intención crítica al restringido territorio del número y la letra donde se cultiva la expansión de lo teórico, que a veces olvidando el imperfecto tramado de la naturaleza superpone sus desbocados intereses al ritmo que tienen los procesos de la historia.
Deseo y sentido determinan una obra donde la circunstancia se revela acuciante en su andar crítico, configuración determinante de toda obra que intente trascender el “motivo”. Hoy la noción de futuro se circunscribe a la dificultad, que apremia y restringe el componente imponderable. Canale reinstala la contemplación , cuidando que la imagen no sucumba a la interpretación, permitiendo con calculado margen el despliegue de optimistas murmuraciones, acudiendo premeditadamente, es decir aceptando las influencias , al recurso de la ironía, esa indulgencia que nos hace tolerable lo desconocido.