Editorial
El día después
Por Marcela Costa Peuser
Los festejos del Bicentenario nos dejaron una sensación que no podemos ni debemos olvidar. Más de 2.000.000 de personas, sin banderas partidarias y con sano y verdadero patriotismo, se concentraron en al cierre de la fiesta para entonar juntos el Himno Nacional. Más allá de las peleas mezquinas de algunos de nuestros dirigentes, que enrarecieron el clima, lo que tenemos que rescatar es la genuina alegría del pueblo de nuestra Nación y convertirla en el motor para superar los escollos y encauzar la energía para construir, cada uno, desde donde le toca, el país que queremos para el futuro. Esta es la tarea que nos debe convocar y comprometer.
