18 noviembre 2017

Nota publicada online

viernes 1 de septiembre, 2017
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Tomás Saraceno en Ruth Benzacar
Horizonte de evento

Bajo este título, el artista tucumano residente en Berlín, intenta ser un recorrido donde sus investigaciones actuales se prodiguen al visitante como un catálogo de obra ampliado

Tuvimos la suerte de ir conociendo en distintos momentos la interesante obra de este artista en parte por las obras que fueron éxito en varias ediciones de arteBA y, este año, en el despliegue fascinante de sus instalaciones en el Mamba, “Cómo atrapar el universo en una telaraña” y "Orquesta aracnocósmica", que acaban de cerrarse este fin de semana. Tomás Saraceno (1973) toma un camino que intercepta ideas y colaboraciones científicas asociadas, para tratar de conciliar un arte que tiene belleza estética pero cuya construcción descansa en un compromiso ético de superación del antropoceno, la era que estamos viviendo donde el hombre está causando más daño a la tierra que cualquier meteorito, por la de aeroceno una posibilidad a explorar e intensificar un dominio expandido de interconexiones que faciliten el uso de otras tecnologías menos dañinas para el ecosistema. Por esto mismo se asoció con Aerocene Foundation para un desarrollo que abarcará un año y que podrá verse en 2018 en el Palais de Tokyo en París.

"La mayoría de mis obras trabajan sobre los lazos de codependencia en un sistema ecológico", comenta "no hay ninguna planta o animal que haya aprendido a flotar en el aire de la manera en que el Aeroceno lo está proponiendo". Una de sus piezas exhibidas en Benzacar muestra de manera clara cómo esas estructuras de cuerdas tensas anudadas y suspendidas son capaces de evidenciar algo de nuestro universo cósmico que no vemos y que en cierta forma le han enseñado a percibir sus socias desde hace un tiempo, las arañas. Cuando los biólogos estudiaban a las mismas, él intentó centrarse en la capacidad de tejer las telas, cuyo dinamismo es increíble pues son tensadas para captar aún pequeños insectos o distendidas si no necesitan alimentarse, de modo que funcionan como una especie de instrumento musical, “un aparato sensitivo que es un tímpano expandido” agrega .

Esas enormes piezas junto a otras más pequeñas colaboran entre sí y son “tejidas” por el artista desde adentro hacia afuera, de manera que cada segmento está necesariamente afectando a esas relaciones de cooperación interconectadas. La visión de estas piezas es fascinante y despierta nuestra curiosidad inmediata como cuando descubríamos de niños algo que encerraba un conocimiento, un plan del que se podía aprender. Parecen flotar en el aire y justamente esto es lo que lo hipnotiza, el poder usar el potencial de energías como el aire, el viento, el sol, menos destructivas y renovables, que se encuentran en todo el planeta y que en este caso se percibe claramente como una expansión del arte en otros dominios ampliados.

También se puede ver otra pieza emblemática, etérea y pulcra, que son las telas reales aplastadas entre vidrio y papel o escaneadas, que conservan las sutilezas apenas perceptibles de las diferencias de grosor y su entramado curioso. Se suman Ciudades nube, esas piezas de planos reflectantes con capacidad de producir permutas entre lo que está abajo o arriba, percepciones del espacio novedosas y que causaron tanta pasión en cada lugar donde fueron exhibidas. En el texto de presentación de esta muestra, se lee una definición muy clara de su trabajo “Nutrida por el mundo del arte, la arquitectura, la astrofísica, las ciencias naturales y sociales, la práctica artística de Tomás Saraceno es una secuencia de rastros, sendas y constelaciones que revelan las relaciones existentes entre lo microscópico, lo global y lo cósmico.” Algo que resulta interesante explorar, sobre todo si nos metemos en su página web, http://tomassaraceno.com, donde cada proyecto está documentado de forma más que interesante con una serie de textos que expanden la comprensión de su trabajo y la forma en que ha venido maravillando al espectador de arte. Basta recordar hitos como su magnífica instalación "In orbit" que en el 2013 causó furor en la ciudad alemana de Düsseldorf, un laberinto de esferas transparentes conectadas entre sí por redes que el público podía recorrer, a 24 metros de altura.

Es casi necesario pasar por la galería antes del cierre, previsto para el 16 de septiembre pues como hemos intentado desarrollar aquí, hay elementos más que suficientes para seguir la trayectoria de este artista argentino que “nos recuerda que todos flotamos en una nube cósmica, y propone nuevas formas sostenibles y ecológicas de vivir en la Tierra imaginando posibles futuros alternativos.” declara, y rápidamente alude a sus esculturas flotantes -como globos, aunque asegura que no le gusta esa palabra-, elaboradas con bolsas plásticas reutilizables, que responden al lema de ser infladas por el aire, levantadas por el sol y trasladadas por el viento.

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