Nota publicada online

martes 10 de diciembre, 2013
Miradas
Maison Rouge. Le Theatre de l ´Universe
por Américo Castilla
Miradas

En esta segunda década del siglo XXI abundan los intentos curatoriales por sorprender por medio de temáticas violentas; La Maison Rouge, próxima a La Bastilla, una de las galerías más provocadoras de París que da prueba de ello.

Dos pececitos rojos nadan en el agua contenida en una palangana. Normal. Una cuchilla filosa de cocina atraviesa esa superficie acuosa y recuesta su amenaza en el borde de la palangana: no tan normal. La obra, apoyada en el piso de la galería consiste en esa escena: los peces sortean ese filo sin que el asombro de sus ojos se altere. En la misma sala hay unas piezas a escala humana de cuerpos con sus genitales mutilados -probablemente inspirada en la serie de Los Desastres de la Guerra de Goya-; una de las paredes está empapelada con la reiteración en stencil de una figura ahorcada y otra durmiente; a sus pies una alfombra de rezo islámico con una ametralladora bordada en su superficie, también ejemplos de bombas escondidas en el libro del Corán. La sala se denomina Conflicto y es una de la catorce salas de este teatro del universo que van desde la inicial acerca del Génesis, a la última sobre El más allá. 

 

La Maison Rouge, próxima a La Bastilla, es hoy por hoy una de las galerías más provocadoras de Paris. El curador de la exposición es Jean-Hubert Martin, ex director del Museo de Arte Moderno de Paris, también del Centro Pompidou y del Kunst Palace de Düsseldorf pero ganó aún mayor aceptación como curador deMagiciens de la Terre, en 1989, exposición promotora de apasionadas discusiones acerca del valor del arte no occidental. Ahora tuvo libre acceso a dos colecciones excéntricas: la del coleccionista australiano y fundador delMuseum of Old and New Art, David Walsh, y las piezas etnográficas y artísticas delTasmanian Museum and Art Galleryde ese país. Su hipótesis es en apariencia sencilla: renunciar a los guiones cronológicos que imperan en los museos y no agrupar obras ni por época ni por géneros o afinidades estéticas que, según sus dichos, sólo estarían al alcance de una élite. Ofrece en cambio su propia interpretación curatorial por medio de la instalación espacial, que a su criterio dejaría muchos más interrogantes abiertos a la significación que  aporte  eventualmente el espectador.

 

El título de Teatro del Mundo es una referencia al Teatro de la Memoria que Giulio Camillo hiciera para Francisco I y presenta obras no occidentales, arte antiguo, curiosidades, y obras de artistas contemporáneos como Marina Abramovic, Berlinde de Bruyckere, Jake & Dinos Chapman, Wim Delvoye, Emily, Damien HIrst, Zilvinas Kempinas, Iannis Kounellis, Juul Kraijer, Sidney Nolan, Claude Rutault, Manolo Millares o Sandra Vasquez de la Horra.

 

Claro que la colección de David Walsh es predominantemente bizarra, de efectos garantizados y elegidos con la precisión científica que le provee su formación de matemático. La del Museo de Tasmania tiene joyas como lastapas, textiles manufacturados con corteza de árboles de sofisticadas formas geométricas, y otras piezas conservadas como resultado de siglos de exploraciones antárticas y del Pacífico. Aquí los acentos están puestos en la conexión entre unas y otras piezas, que JH Martin declara dejar abiertas a variables interpretaciones pero que no puede evitar cargar con su propia información intelectual. El desafío que parece enfrentar a una figura de Giacometti con la cubierta de un sarcófago egipcio en medio de esa majestuosa decoración de textiles, está guiado por el propio capital cultural occidental del curador, a la manera en que los antropólogos incursionaban con sus prejuicios en Oceanía o en el África del siglo XIX. Sólo que ahora no se intentan desanudar jeroglíficos sino aproximar contrastes con atemporal y ciertamente efectiva generación de metáforas. Esa yuxtaposición con aparente libertad de elementos heterogéneos tiene su historia bien establecida en el arte moderno, y puede observarse en todo su despliegue a unas pocas estaciones de subte de distancia, en el Centro Pompidou, donde la exposiciónLe Surréalisme et L´Objetpone en escena algunos de los mejores exponentes de “cadáveres exquisitos”. Sólo que en los años 20 eran los artistas y no los curadores los sacerdotes que con su sola voluntad hacían nacer el sentimiento de “extraña extrañeza”, como describía el Manifiesto Surrealista de 1924 a esos nuevos inventos y asociaciones estéticas. 
La presencia de escenas del Perro Andaluz de Luis Buñuel en la Maison Rouge o de obras de Giacometti en ambas exposiciones, dan cuenta del paralelismo de los acentos bizarros en el tiempo. En esta segunda década del siglo XXI abundan los intentos curatoriales por sorprender por medio de temáticas violentas, sacrificiales, que encuentran en las culturas alternativas imágenes que las vinculan y de algún modo las redimen.  Un siglo antes, en la segunda década del  XX el filósofo Georges Bataille y el historiador de arte primitivo Carl Einstein en su revistaDocumentspromovían similares situaciones especulares.  Los ciclos nunca son idénticos, pero la naturaleza humana pareciera seguir intentando replicar sus atribulados sueños y deseos en estas atmósferas de extrañeza.

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La exposición Théatre du Monde se presenta en La Maison Rouge, entre el 19 de octubre de 2013 y el 12 de enero de 2014.

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