Eduardo Grossman
Antología posible
20/08/2015 - 24/10/2015
FUNDACIÓN OSDE | Espacio de Arte
Arroyo 807. Esquina Esmeralda
Eduardo Grossman

Muestra: Eduardo Gorssman. Fotos. Antología posible

Durante años, Eduardo Grossman sumó a su actividad de periodista gráfico el trabajo de editor de uno de los diarios más importantes del país. Pero, además, fue uno de los protagonistas del naciente movimiento de fotografía de arte de los años 80 y, en los últimos años, planteó importantes discusiones sobre el lenguaje fotográfico a través de su propia obra y de la publicación de diversos textos.
La tarea de seleccionar, ordenar y asistirlo en el montaje de esta muestra retrospectiva a la que me convocó, no solo me llenó de gusto sino que la palabra “curador” (en el Derecho Romano: quien cuidaba a los enfermos mentales) me obligó a buscar otro nombre para mi labor. No me fue difícil intentarlo. El título me remitió siempre a fiebre, a oscuros chamanes de monte, a maracas llenas de flecos batiéndose frenéticamente al ritmo de cánticos desafinados y a bocas que escupen sangre de cabras sobre cuerpos enfermos para luego chuparles el ombligo y esputar el mal, convertido en maltrecho carozo, a la selva.
De estos gestos, satánicos, ingenuos o interesados, el trabajo de Eduardo Grossman no tiene nada. La naturalidad con que puede retratar a un político o a un artista y escrutarle el alma, para luego realizar una fotografía propia de un periodista gráfico, hacer carambola con otra de estructura brutalista y hablar del mundo con un primer plano abstracto de los rastros dejados en el asfalto, me recuerda a la ductilidad renacentista. A quienes no se han apoltronado en un solo estilo y, en cambio, han buscado recrear escenarios y miradas diferentes a cada paso, con perseverancia libertariacasi maniática.
Eduardo Grossman es ese tipo de artista. Por eso, tratando de ordenar esta fogosidad, están presentes en esta sala tres grandes grupos de obras. En el espacio central, las fotografías blanco y negro de estilo periodístico se entrelazan con tomas callejeras personalísimas, un trabajo sobre Miramar, tres tomas memorables de La Boca, varios retratos que lindan con lo conceptual y algunos paisajes panorámicos de carácter bucólico. A un costado, su conocida serie de retratos llena una sala especial. Al otro lado de la sala, hace su aparición el color en sus últimas series, que quiebran no solo con la monocromía que la obra de Grossman mantuvo por años, sino también con cierta manera de mirar el mundo.
Lo curioso es que, al mirar las fechas en que fueron hechas las fotografías de cada una de sus series, uno descubre que han sido tomadas a lo largo de más de cuarenta años. Y uno se pregunta cómo ha hecho Grossman para llevar esas distintas maneras de mirar, conjuntamente, a través del tiempo. Cómo ha ido hilvanando diferentes series, manteniendo en cada una su mirada. Allí uno descubre que Eduardo Grossman no es uno, sino varios. Los mismos que él suele relatar cuando explica que fotografía con enorme placer y sin un plan. Los que lo han convertido en uno de los fotógrafos más libres y humanistas de nuestra generación. El más espontáneo. El más instintivo.
Por todo esto, yo no podría ser nunca el curador de esta extraordinaria exposición de Eduardo Grossman. Aquí no hay nada que sanar. Lo pueden ver con sus propios ojos. Solo soy un colega, honrado por su convocatoria, que le ha prestado su mejor mirada para ordenar un universo visual riquísimo, que necesitaba salir a la luz.

Marcos Zimmermann

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Intervención en salitas: Mariano Giraud: Tótem cristal animal
Tuve la suerte de conocer el último proceso creativo de Mariano Giraud. Digo “suerte” porque aprendo de sus técnicas y métodos (si es que existen) desde muy cerca, como familiar y colega.
Una noche estábamos cenando en familia en casa de Mariano cuando nos comentó al pasar en qué estaba trabajando. Despertó inmediatamente mi curiosidad. No es la primera vez que reconozco en Mariano una búsqueda estética auténtica y sin pretensiones. Hay en su obra algunos temas vinculados a la naturaleza, como el abordaje del mundo animal y el mundo mineral. Siempre me conmovió la mirada antropológica y tecnológica de Mariano. Hay en su obra una suerte de totemismo que me fascina, porque demuestra que la obra trasciende las creencias del individuo. Creo que en su obra hay ciertas fuerzas científicas y religiosas en un diálogo que a veces es discusión y a veces, entendimiento.
Aquella noche, Mariano compartió un momento de su proceso creativo. Personalmente quedé impactado. Nos mostró un casco-dispositivo para la realidad virtual en etapa de desarrollo que aún no está en ningún mercado. Nos explicó que las personas que saben hacer programas en la computadora están explorando las posibilidades de este dispositivo. Y Mariano, que sabe técnicas digitales para hacer obras de arte, se transformó en uno de esos programadores. Antes de ponernos el casco para “ver la obra”, nos advirtió que nos moviéramos despacio porque podíamos marearnos. Entrecomillo el acto de ver la obra porque el propio dispositivo que se usa altera el acto de “ver” y lo que entendemos por “obra”. En principio, la obra no está en un lugar físico, ni está en un dispositivo físico. La obra está, o más bien sucede, en un universo virtual.
Me puse el casco y vi la obra. La sensación fue disruptiva. Me animo a expresar que participé de un proceso místico. Quedé mareado cuando me saqué el casco. Mi mareo respondió más al impacto de vivir una experiencia emocional que nunca había vivido, que a razones biológicas. O quizás sea un mareo producido por ambos motivos. La obra no es la materialidad, sino la experiencia. Intuyo que, sin saberlo, Mariano Giraud tropezó con una cosmovisión arcaica. El totemismo es parte importante de la obra de Giraud. En esta etapa ha descubierto, en su diálogo artístico con la ciencia y la tecnología, los elementos fundantes de un ritual. Los rituales de medicina de las culturas originarias en todo el mundo apelaban a las visiones para poder sanar el cuerpo y el espíritu. Siento que todo artista es como un científico regresando a la medicina ancestral. Mariano Giraud duda pero confirma una verdad: la realidad es múltiple y necesitamos volver a conectarnos con nuestra naturaleza.
Alan Robinson, Licenciado en arte dramático

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La Vidriera: Mauro Koliva. Nube elefante

Nube elefante es pura imagen. Las formas colmadas de color rechazan la espacialidad, resisten los ladrillos. En este sentido es un proceso que está más cerca del dibujo que de la escultura.
Y es profundamente manual. Pero de una pureza manual muy rigurosa que se diluye en lo visible y no deja rastros, para finalmente favorecer la posibilidad de una expresividad impersonal.
También es esencialmente abierta y proliferante con mucho espacio para la improvisación.
Nada está dado ni garantizado en este proceso y sin embargo contiene un centro gravitacional muy específico en cada ocasión. Centro que descarta lo innecesario y conserva lo que es capaz de sostenerse por su propio peso. Así, la suma de los pesos y las velocidades de las miles de piezas relacionadas en la superficie conforman un gran bloque de funciones materiales: literal, indeterminado, específico e insignificante.
Mauro Koliva

Ubicación

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